Ejercicio de perdón

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1. Ponte en el espíritu de Jesús, en la fe. Asume sus sentimientos. Enfrenta (mentalmente) al “enemigo” mirándolo con los ojos de Jesús, sintiéndolo con los sentimientos de Jesús, abrazándolo con los brazos de Jesús, como si “fueras” Jesús.

Concentrado, en plena intimidad con el Señor Jesús (colócalo el “enemigo” en el rincón de la memoria), di al Señor: “Jesús, entra dentro de mi. Toma posesión de mi ser. Calma mis hostilidades. Dame tu corazón pobre y humilde. Quiero sentir por ese “enemigo” lo que Tu sientes por el; lo que Tu sentías al morir por el. Puestos en alta fusión tus sentimientos con los míos, yo perdono (juntamente contigo), yo amo, yo abrazo a ese persona. Ella-Tu-Yo, una misma cosa. Yo-Tu-ella, una misma unidad”.

Repetir estas o semejantes palabras durante unos treinta minutos.

2. Si comprendiéramos, no haría falta perdonar. Trae a la memoria al “enemigo y aplícale las siguientes reflexiones:Fuera de casos excepcionales, nadie actúa con mala intención. ¿Qué estarás tu atribuyendo a esa persona intenciones perversas que ella nunca las tuvo? Al final, ¿quién es el equivocado? Si el te hace sufrir, ¿quién sabe si no dijo lo que te dijeron que dijo? ¿Quién sabe si lo dijo en otro tono o en otro contexto?

EL parece orgulloso; no es orgullo, es timidez. Parece un tipo obstinado; no es obstinación, es un mecanismo de autoafirmación. Su conducta parece agresiva contigo; no es agresividad, es autodefensa, un modo de darse seguridad, no te esta atacando, se esta defendiendo. Y tu estas suponiendo perversidades en su corazón. ¿quién es el injusto y el equivocado?

Ciertamente, el es difícil para ti; mas difícil es para simismo. Con su modo de ser sufres tu, es verdad; mas sufre el mismo. SI hay alguien interesado en este mundo en no ser así, no eres tu; es el mismo. Le gustaría agradar a todos; no puede. Le gustaría vivir en paz con todos; no puede. Le gustaría ser encantador; no puede Si el hubiera escogido su modo de ser, seria la criatura mas agradable del mundo. ¿Qué sentido tiene irritarse contra un modo de ser que el no escogió? ¿Tendrá el tanta culpa como tu presupones? En fin de cuentas, ¿no serás Tu, con tus suposiciones y repulsas, mas injusto que el?

Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar.

3. Se trata de un acto de dominio mental por el que desligamos la atención de la persona enemistada. Consiste, pues en interrumpir ese vinculo de atención (por el que tu mente estaba ligada a ese persona) y quedarte tu desvinculado de el, y en paz.

NO consiste, pues, en expulsar violentamente de la mente a esa persona, porque en ese caso se fijara mas. Se trata de suspender por un momento la actividad mental, de hacer un vacío mental, y el “enemigo” desaparece. Volverá de nuevo. Suspende otra vez la actividad mental o desvía la atención hacia otra cosa.

Hay unos cuantos verbos populares que significan este perdón: desligar: se liga, se desliga la atención. Desprender: se prende, se desprende. Soltar: se te agarra (el recuerdo), suéltalo. Dejar. Olvidar.

Como se ve, no es un perdón propiamente tal, pero tiene sus efectos. Puede ser el primer paso, sobre todo cuando la herida es reciente.

Pocas veces somos ofendidos; muchas veces nos sentimos ofendidos.

Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso contra el hermano.

¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado? El que es odiado vive feliz, generalmente, en su mundo. El que cultiva el rencor se parece a aquel que agarra una brasa ardiente o al que atiza una llama. Pareciera que la llama quemara al enemigo; pero no, se quema uno mismo. El resentimiento solo destruye al resentido.

El amor propio es ciego y suicida: prefiere la satisfacción de la venganza al alivio del perdón. Pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas. El rencoroso vive en una eterna agonía.

No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga mas desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, aunque sea solo por interés, porque no hay terapia mas liberadora que el perdón.

NO es necesario pedir perdón o perdonar con palabras. Muchas veces basta un saludo, una mirada benevolente, una aproximación, una conversación. Son los mejores signos de perdón.

A veces sucede esto: la gente perdona y siente el perdón; pero después de un tiempo, renace la aversión. NO asustarse. Una herida profunda necesita muchas curaciones. Vuelve a perdonar una y otra vez hasta que la herida quede curada por completo.

 

P.Ignacio Larrañaga

Perdonar:

No es aprobar

No es olvidar

No es ignorar

Perdonar, es asumir la ofrensa y entregársela al Señor

Oración de:

Perdón Intencional

Señor, yo quiero perdonar.

Con tu gracia yo perdono.

Y como prueba te pido que le perdones.

Perdón emocional

Señor, Tú que sanaste a tantos enfermos

sana mi emotividad,

para que pueda sentir que he perdonado

y recuerde con paz la ofensa.

 

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