GRUPOS DE ORACION CARISMATICOS CATOLICOS Y REUNIÓN DE ORACION CARISMATICA


GRUPOS DE ORACION CARISMATICOS CATOLICOS

En los grupos de oración se enfatiza la predicación, la oración, la glosolalia, la música, la danza, la alabanza, los testimonios de conversión de vida y las sanaciones milagrosas. La renovación carismática, al no tener estatutos, (en muchos países sí los tienen) no tiene superiores, sino solamente dirigentes, llamados también servidores, sin autoridad jurídica, pero siempre sujetos a la autoridad eclesiástica. Cada grupo elige algunos servidores que tienen como funciones principales: reunirse para discernir en la oración lo que conviene al grupo; proponer y, si es necesario, coordinar los servicios apropiados, como la acogida, la alabanza, la predicación, la música (cantos para la oración), la intercesión, etc.; proponer y organizar; estar en contacto con los representantes de la Iglesia; conectar con la coordinación de la zona y en general estar siempre al servicio de los demás integrantes de su grupo o comunidad de oración. También hay “coordinadores” zonales, regionales, diocesanos, estatales, o departamentales, según el caso, encaminados especialmente a la organización de eventos, cursos, asambleas, etc. El único superior religioso de la Renovación Carismática es la jerarquía de la Iglesia.

El avivamiento carismático ha salido de las barreras del propio movimiento y esta tomando cada día mas fuerza en la vida parroquial, en donde desde el sacerdote hasta los laicos disfrutan de los frutos de este nuevo viento del Espíritu Santo, cientos de sacerdotes jóvenes sin estar matriculados en el movimiento son considerados por los millones de miembros del movimiento como “Sacerdotes Carismáticos”, entre ellos se vivencia la alegría, la sencillez, la facilidad para predicar el evangelio y otros carismas mas como la música, la danza, las sanaciones, liberaciones, milagros.

La corriente carismática también busca “animar” la liturgia a través de la alabanza y la adoración, que es acompañada con elementos musicales, artísticos y signos que expresan la acción del Espíritu así como el fuerte acento en una misión de evangelización hacia los propios fieles de la Iglesia. Aunque inspirado en la forma de oración del pentecostalismo, el movimiento carismático católico no busca romper con la tradición, dogmas y estructuras organizativas del catolicismo sino que, al contrario, intenta contribuir a revitalizarlos. Por ello, si el carismatismo es dinámico e innovador en su concepción de la práctica religiosa, es por otra parte conservador en el plano dogmático. Como católicos, su oración en el Espíritu Santo se une al Magníficat, oración de gracia y alabanza elevada por María, quien fue madre de Nuestro Señor Jesucristo

Tuvo sus orígenes en 1967, cuando un grupo liderado por William Storey y Ralph Keyfer, dos profesores laicos de la Universidad de Dusquesne, en Estados Unidos, decidieron orar juntos, para pedir la efusión del Espíritu Santo. Ellos habrían recibido el llamado “don de lenguas” y otro tipo de carismas, como el de sanación, que son típicos de toda corriente pentecostalista o carismática de parte de cristianos de otras denominaciones pentecostales. En poco tiempo el “fuego” se propagó a otras universidades, como Notre Dame, en Indiana y East Lausing, en Míchigan. Del 8 al 9 de abril de 1967 noventa personas, entre ellas algunos sacerdotes, se congregaron en la Universidad de Notre Dame en un retiro, para reflexionar sobre los acontecimientos producidos en sus vidas, así como contextualizar la experiencia carismática dentro del libro de los Hechos de los Apóstoles, así como una nueva comprensión de la acción del espíritu en la iglesia, produciéndose entre ellos una fuerte experiencia con el Espíritu Santo. A los pocos años de su nacimiento, la “renovación” traspasó las fronteras de los Estados Unidos. A comienzos de los años 70, el movimiento carismático arribó a América Latina, cuando algunos predicadores protestantes bautistas y católicos fueron invitados por el sacerdote colombiano Rafael García Herreros, eudista, quien dirigía una fundación social y eclesial llamada “Minuto de Dios” para ayudar a familias obreras. Varios sacerdotes y laicos de dicha comunidad religiosa se adhirieron a esta corriente y desde entonces, el Minuto de Dios se ha convertido en un importante (mas no único) centro de difusión del movimiento carismático en el ámbito regional, utilizando los medios de comunicación como la prensa, la radio y la televisión, organizando seminarios de iniciación (llamados “Seminarios de Vida en el Espíritu”), asambleas, congresos, misas, retiros y otro tipo de actividades. El movimiento carismático tuvo un gran impulso en la década de 1970 y un crecimiento más lento, pero sostenido, a partir de los años 80. En América Latina la Renovación Carismática ha tenido gran acogida, debido en parte a las particulares características festivas y espontáneas de su población, que además es proclive a aceptar la presencia sobrenatural como parte de la vida cotidiana. En los distintos países latinoamericanos y en España la Renovación Carismática ha sido liderada por distintos grupos y entidades eclesiales, aunque se ha respetado el carácter libre del movimiento y nadie ha pretendido institucionalizarlo, como ha sucedido con otras formas y movimientos espirituales. Esto le ha permitido “impregnar” con relativa facilidad organizaciones de la Iglesia, tanto de tipo laical como clerical o de vida consagrada.

REUNION DE ORACION CARISMATICA

“La mayor parte de la reunión de oración consiste en alabar a Dios con la oración espontánea y con el canto exuberante. Dios es alabado por su majestad, su amor y su fidelidad, y dio las gracias por su gracia en nuestras vidas. “

Esta alabanza y acción de gracias puede ser con palabras, canciones o por medio del don de lenguas y oración. Hay momentos de la oración vocal fuerte (llamado “la palabra de la oración”) donde todo el mundo reza espontáneamente en voz alta y todos a la vez. Esta forma de oración es tal vez una de las señas de identidad de la reunión de oración carismática. La palabra de la oración permite una forma de oración personal en grupo. Cada uno reza individualmente a Dios en sus propias palabras, rezando en voz alta para que otros puedan saber que están rezando y se edifica y anima a participar y orar con más fervor también.

San Pablo nos exhorta: “Sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y orando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios Padre. “(Efesios 5, 18-20).

Silenciosa adoración

A menudo, después de un período de alabanza y vigorosa canción, habrá momentos de silencio en el que uno siente la presencia y la santidad de Dios. Es un silencio que está “vivo”, vivo con la sensación de temor y reverencia, sabiendo que Dios tiene su trono en medio de su pueblo.

Crónicas 5, narra la dramática historia de la dedicación del templo después de haber sido completado por el rey Salomón. A medida que el pueblo de Israel se reunieron para celebrar, los cantantes y los músicos comenzaron a cantar y tocar. Y cuando alzaron sus voces, cantando canciones de alabanza y adoración a Dios, la gloria de Dios llenó todo el lugar y el poder del Señor vino sobre todo el conjunto, con tanta fuerza que no podía seguir adelante, sino que estaba alli presente y todos estaban en silencio y respeto. Fue una visita poderosa de Dios.

Podemos experimentar la presencia de Dios con más fuerza cuando lo alabamos y le adoran juntos. El Señor habita y tiene su trono en las alabanzas de Su pueblo (Salmo 22:3), y establece su presencia y su reino en medio de un pueblo que le adoran. Esta relación – de alabar el Santo Nombre de Dios y la venida de su Reino y su presencia – es enseñada por Jesús: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, venga tu reino”, Lc 11:02

El ejercicio de los dones espirituales

Los participantes en la reunión de oración se anima a ejercer los dones espirituales para la gloria de Dios, para edificación y para la evangelización. La siguiente reunión típica de Pablo: “Cuando os reunís, uno tiene un salmo, una instrucción de otra, una revelación, una lengua, o una interpretación. Todo debe hacerse para la edificación. “(I Corintios 14:26)

Profecía

La profecía no es necesariamente sólo una palabra dice el futuro. La palabra de profecía es un don del Espíritu Santo proferida a través de una persona.
Dios ejerce su poder. El Señor pone su palabra llena de sabiduría, de fuerza y de vida en la boca de sus profetas. Dios da la orden de hablar, el profeta habla por una fuerza de lo alto, realiza lo que le fue anunciado.

La palabra que sale de la boca de Dios “arranca y muele, arruina y destruye”, pero lo hace siempre “para edificar, construir y plantar” algo nuevo o mejor. Después de la profecía siempre brota la esperanza de una vida nueva, pues así el propio Señor declara: “Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán” (Ez 35,5).

Este don del Espíritu no se limita a denunciar el mal, sino que es una palabra de Dios que indica también el remedio. Con su palabra Dios sana a los enfermos.
En una oración con alguien puede hablar de una exhortación o una palabra de aliento de Dios, por medio del Espíritu Santo. El grupo se anima a discernir esta palabra a la luz de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, y para responder apropiadamente a la palabra. San Pablo exhorta a los cristianos: “No apaguéis el Espíritu. No desprecies declaraciones proféticas. Prueba de todo y quedaos con lo bueno. Abstenerse de toda clase de mal. “(I Tesalonicenses 5:19-22)

Lectura bíblica

Alguien puede leer en voz alta un breve pasaje de la Escritura.Todos están invitados a escuchar la Palabra, para recibir la Palabra y de actuar sobre la Palabra.
Es imprescindible que en toda reunión de oración se proclame la Palabra de Dios. Si esto falta, la reunión está incompleta.
Siempre que nos reunamos debemos reservar un tiempo para proclamar la Palabra de Dios pues, a través de ella, Dios nos da la luz, la fuerza, la guía, para poder vivir como cristianos. Sin alimento no se puede vivir. Sin el alimento de la Palabra de Dios contenida en la Biblia no se puede vivir la vida cristiana.
La Palabra de Dios nos transforma. No se debe leer como algo que se estudia intelectualmente o como algo mecánico que realizamos porque eso es lo que se hace.
La Palabra de Dios es viva y eficaz y realiza lo que ella contiene.
Cualquiera de nosotros que escuche la Palabra de Dios con atención y crea en lo que Dios le está diciendo, puede estar seguro que se transforma. Así le pasó a María: Dios, a través del ángel le habló, le pidió su colaboración en la redención del mundo y ella que escuchó y creyó; aceptó y se produjo por el Espíritu Santo, una transformación maravillosa y total de toda su existencia; se convirtió en la Madre de Dios. La Palabra de Dios es capaz de transformar toda una vida y esto, no son palabras, ni es una teoría.

“La Palabra de Dios es viva, eficaz y tajante más que una espada de dos filos y penetra hasta la división del alma y del espíritu hasta las coyunturas y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hbr. 4, 12).

Cuando se proclama la Palabra de Dios en el Grupo de Oración es para dejar que esa Palabra penetre hasta nuestro corazón y ahí nos interpele, para que nos quite la comodidad que a veces tenemos, que nos desinstale.

Testimonio / Testigos

Durante el tiempo del testimonio, la gente se insta a dar un paso adelante para dar gloria a Dios. Alguien puede contar cómo se han experimentado a Dios en su vida de trabajo, o cómo Dios los ha bendecido y ha cambiado ellos. Estas experiencias personales de la vida real son un poderoso medio de testimonio y para dar testimonio del Dios vivo, y en gran medida puede fomentar y reto a todos a una mayor fe y la fidelidad a Dios.

La enseñanza y la predicación

En la mayoría de las reuniones habrá un orador designado para dar una charla en uno de una variedad de temas destinados a ayudar a los oyentes a conocer a Dios y llevar una vida más cristiana. Una característica común de las enseñanzas es que está centrada en Dios, lleno del Espíritu y las Escrituras base. “La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, ya que enseñar y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría” (Col. 3:16) .

La Vida Nueva que hemos recibido de Jesús, mediante el Bautismo debe ser alimentada para que crezca. Una vida que no se desarrolla, pronto muere. Una forma de crecimiento en la vida cristiana es la Enseñanza.
Los primeros cristianos se reunían frecuentemente y “eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles…” (Hch.2, 42). A ejemplo de ellos, en la actualidad, en los Grupos de Oración suele haber un rato dedicado a la enseñanza.
No se trata de dar una clase. En otros momentos, fuera de la reunión de oración habrá oportunidad de recibir la instrucción que necesitamos mediante cursos, seminarios, etc.
La enseñanza debe responder a las necesidades del grupo. El objetivo de la enseñanza es llevarnos a descubrir la Voluntad deI Señor y sus planes, es enseñarnos a vivir las 24 horas del día nuestra fe.
El animador del Grupo de Oración es el instrumento que Dios escoge pare guiar esa porción de su pueblo que es el Grupo de Oración. El animador es el que detecta las necesidades que para crecer espiritualmente tiene su grupo en un momento dado, a través de la oración y el discernimiento que el Espíritu Santo le da. La enseñanza la puede dar el animador u otra persona que reúna los requisitos necesarios pare este servicio (integridad en la fe, preparación y unción del Espíritu). No es necesario ser un teólogo o un sacerdote. La materia de la enseñanza debe ser discernida por el animador con el asesoramiento de un sacerdote si fuera necesario.
Debe ser una enseñanza corta, (15 a 20 min.) con palabras sencillas de manera que todos los participantes puedan comprenderla.

La enseñanza debe ser fiel a la Doctrina de la Iglesia Católica. Somos Grupos de Oración de la Iglesia Católica, y por tanto la enseñanza que se dé en nuestros grupos debe ser la que hemos recibido de la Iglesia Católica. No otra. Está bien que en algunas ocasiones cristianos de otras confesiones compartan la oración con nosotros pero en determinadas ocasiones solamente. Debe ser alguien que tenga preparación, que viva en verdadera comunión con la Iglesia Católica, lleno del Espíritu Santo y una persona de vida intensa de oración.
La enseñanza debe estar basada en la Biblia y la lectura que se medite en la reunión de oración, generalmente debe estar relacionada con la enseñanza. Cuando la enseñanza falta en un Grupo de Oración, este tiende a debilitarse y a no crecer, pudiendo incluso desaparecer.

Pidamos al Señor que nos de la sabiduría práctica que necesitamos para ver cómo El quiere que crezcamos.

Pidamos siempre a María que nos enseñe a escuchar la Palabra de Dios, a meditarla en nuestro corazón y luego a hacerla vida en nosotros.

Intercesión y hora Ministerio

La base bíblica para el ministerio de oración de intercesión del creyente del Nuevo Testamento es nuestro llamado como sacerdotes de Dios. La Palabra de Dios declara que nosotros somos un sacerdocio santo (1 Pedro 2:5), un sacerdocio real (1 Pedro 2:9), y un reino de sacerdotes (Apocalipsis 1:5).

El fondo para entender este llamado a la intercesión sacerdotal se encuentra en el ejemplo del sacerdocio levítico del Antiguo Testamento. La responsabilidad del sacerdote era estar de pie ante y entre.

Él estaba de pie ante Dios para ministrar a Él con sacrificios y ofrendas. Los sacerdotes también estaban de pie entre un Dios justo y el hombre pecador reuniéndoles en el lugar del sacrificio de sangre.

La Biblia registra que el propósito de Dios al enviar Jesús era para Él servir como un intercesor:
“Vio, pues, que no había nadie, y se asombró de que no hubiese quien intercediese. Por tanto, su propio brazo le produjo salvación, y su propia justicia lo sostuvo” (Isaías 59:16).

Jesús está de pie ante Dios y entre Él y el hombre pecador, así como los sacerdotes del Testamento Viejos hicieron:
“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

“Por esto también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive para siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

Jesús reúne el hombre pecador y el Dios justo a través del sacrificio de sangre por el pecado. Ya no es necesario la sangre de animales como era en el Antiguo Testamento. Nosotros podemos acercarnos a Dios ahora basándose en la sangre de Jesús que se vertió en la cruz de Calvario para la remisión de pecados. Debido a la sangre de Jesús, usted puede acercarse a Dios audazmente sin temor (Hebreos 4:14-16).

Jesús fue un intercesor mientras Él estaba aquí en la tierra. Él oró por aquellos que estaban enfermos y poseídos por los demonios. Él oró por Sus discípulos. Él incluso oró por usted cuando Él intercedió por todos aquellos que creerían en Él. Jesús continuó Su ministerio de intercesión después de Su muerte y resurrección cuando Él volvió al Cielo. Él sirve ahora como nuestro intercesor en el Cielo.

En los Grupos de Oración, habrá horarios especiales para atender a las necesidades de los unos a los otros, a través de la imposición de las manos, la oración por la sanación y el ejercicio de los dones Palabra de Conocimiento y Sabiduría. La reunión por lo general terminan con un tiempo de intercesión por las necesidades personales y las necesidades del mundo, la nación, la Iglesia, la parroquia, la familia y el hogar.

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