La señal de la cruz


Al iniciar con la señal de la cruz, empezamos en la frente que significa santificar nuestra mente, y que seamos preservados de los malos pensamientos.Inmediatamente en la boca, para que todo lo que salga de nuestra boca sea para la Gloria de Dios, y seamos preservados de maldecir al prójimo.Luego sigue el Pecho, que es para santificar nuestros sentimientos interiores, nuestro corazón y seamos preservados de guardar odios y rencores.Después Hombro, derecho, y después al Izquierdo, para santificar nuestras formas corporales, y Cristo sea el camino que nos guié en los cuatro puntos cardinales de nuestras vidas.

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la cruz sobre nuestras personas o nos la hacen otros ministros, como en el caso del bautismo, de la confirmación, de la penitencia y de las bendiciones. Este acto se llama signarse, persignarse o también santiguarse si es más reducido.Es un gesto sencillo pero lleno de significado.
La señal de la cruz es una confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión.

Al hacer sobre nuestra persona esta señal es como si dijéramos: estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana.

El primero que hizo la «señal de la cruz» fue el mismo Cristo, que «extendió sus brazos en la cruz» (Prefacio de la Plegaria Eucarística segunda) y «sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de tu Alianza» (Plegaria Eucarística primera de la Reconciliación). Si en el AT se hablaba de los marcados por el signo de la letra «tau», en forma de cruz (Ez 9,4-6) y el Apocalipsis también nombra la marca que llevan los elegidos (Ap 7,3), nosotros, los cristianos, al trazar sobre nuestro cuerpo el signo de la cruz nos confesamos como la comunidad de los seguidores de Cristo, que nos salvó en la cruz.

Las formas actualmente son dos. Al principio parece que era costumbre hacerla sólo sobre la frente. Luego se extendió poco a poco las dos formas que conocemos: hacer la triple cruz pequeña (persignarse) en la frente, en la boca y el pecho, como en el caso de la escucha del evangelio o hacer la gran cruz (santiguarse) desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho.

Para persignarnos se usa el dedo pulgar de la mano derecha que hace la señal de la cruz en la frente, sobre los labios y en el pecho. Mientras nos persignamos decimos “Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro”. La gran cruz (santiguarse) se hace desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho mientras se dice solamente: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. En latín “In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.” En algunos países es costumbre besar al final el dedo pulgar, que ha formado una cruz con el índice.

Al entrar en el templo, los cristianos tenemos la costumbre de santiguarnos con el agua bendita de la pila, como recuerdo de nuestro bautismo. También hay quienes, acertadamente, lo hacen al cruzarse ante un templo o capilla ya que en el templo, en el sagrario, está la presencia real de Cristo.

En la celebración litúrgica hay algunos momentos en los que la señal de la cruz cobra un especial sentido:
· Así, en la misa nos santiguamos con la gran cruz al comienzo de la misma junto al sacerdote diciendo: «En el nombre del Padre…». También al disponernos a escuchar el evangelio, al oír las palabras: “Lectura del Santo Evangelio…” En este caso hacemos la triple cruz. El sacerdote también hace la señal sobre el Evangelio y después se signa él. Al recibir la bendición –deberíamos tener la cabeza inclinada– también nos santiguamos con la gran cruz. Sólo el obispo hace la señal de la cruz tres veces cuando da la bendición al final de la misa o en otros ritos. Es costumbre de algunos fieles santiguarse antes de comulgar.
· El sacerdote también hace la señal de la cruz sobre las ofrendas durante la Plegariaeucarística.
· En la Liturgia de las Horas, al comienzo del rezo de cada hora y al inicio de los cánticos evangélicos. Cuando la hora matutina empieza con «Señor, ábreme los labios», nos hacemos la señal de la cruz en la boca;
· En el sacramento de la Penitencia, el ministro traza la señal de la cruz sobre el penitente al decir «yo te absuelvo de tus pecados…», y el penitente hace otro tanto al recibir la absolución;
· En la Confirmación el obispo traza una cruz con el santo crisma en la frente de los confirmandos;
· Especial importancia tiene la señal de la cruz en el Bautismo, cuando el sacerdote y los padres y padrinos signan al recién bautizado en la frente. El sacerdote signa al bautizado con la señal de Cristo Salvador.
· Las bendiciones sobre cosas y personas se suelen expresar con la señal de la cruz. Cuando el sacerdote bendice al pueblo o a algún objeto hace la señal de la cruz, una vez, con su mano derecha, sobre la persona u objeto a bendecir.

REFLEXIÓN ESPIRITUAL SOBRE LA SEÑAL DE LA CRUZ
La Señal de la Cruz se hace tocando la frente, la boca, el pecho y los dos hombros. Todo empieza con el Verbo, el Pensamiento: el frente; pero antes del corazón esta las palabras, pero el pensamiento debe bajar al corazón, ser vencido, hacerse nuestro: el pecho; tan pronto como el pensamiento es asimilado por el corazón, surge la acción: la mano toca los dos hombros. Invertir este proceso y lanzarse a la acción sin antes haberla pasado por el pensamiento y vivido en el corazón, lleva a un activismo animado por intenciones excelentes, pero con resultados catastróficos.

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Los dones del espiritu santo


LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO PARA PENTECOSTES, (y siempre)

INVOCAD LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO.

EL ESPIRITU SANTO EN SUS DONES.
DIA 1º.
” Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raices brotará.
Reposará sobre él el espíritu de Yahveh:espíritu de Sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza espíritu de ciencia y temor de Yahveh
y le inspirará el temor de Yahveh ”
(Isaias 11, 1-3)

Todos conocemos los ” dones del Espíritu Santo” que el profeta Isaias anuncia aquí, que reposarán sobre el “vástago”, el descendiente de David; sobre Jesús. Son los dones del Espíritu en Jesús, no cualquier virtud ni talento humano, no algo que uno hace, sino algo que recibimos como don, como regalo infinitamente variado, pues que los dones sean siete no hace que sean poco variados, son como los rasgos benditos del rostro del Espíritu que componen infinitos rostros amorosos.

A algunos les parece que los dones son algo “de libro” poco relacionado con la vida práctica, demasiado teórico ( “un rollo” dijo una vez un hermano); pero no es así. Eso pasa cuando lo único que sabemos de ellos es una definición leida o escuchada, nadie conoce a alguien por haber leido su nombre y el Espíritu Santo es alguien , no una cosa ni una fuerza impersonal.

A lo mejor alguien piensa: ” Ah, los dones del Espíritu, ¡ que tema tan precioso!, pero claro, eso es para gente especial, gente muy de Dios, yo soy muy normalito y a mí no me afecta”; pues no, eso no es verdad; Pedro Reyero, dominico miembro de la Renovación a quien vamos a citar mucho decía:
“…los dones del espíritu no son un lujo, son una necesidad, la necesidad que tenemos los pobres para caminar en esta vida. Porque no podemos caminar en cristiano sin lo que caminó Jesús y Jesús los necesitó para vivir su vida…lo que tenemos de Dios- la fe, la esperanza, la caridad- nos es muy dificil vivirlo. Nuestra débil fe, nuestra débil esperanza y nuestra débil caridad nos van sirviendo más o menos-¡más o menos!- para conservar la gracia. Pero, creer con alegría, fiarse con alegría, tener esperanza tensa y constante, amar, darse con gozo, servir con entusiasmo, eso…¡eso son los dones del espíritu santo!”.

Si quereis vamos a dedicar unos días al Espíritu en sus dones, juntos, en comunidad, orando con la fuerza de la fe viva a nuestro Padre que da a quien le pide, que abre a quien llama; pidamos y recibiremos aunque de momento no “sintamos” nada, aceptando en fe que los hemos recibido al pedirlos y dando gracias por eso, y así veremos ¡ sin duda! como sin darnos cuenta irán naciendo en nosotros y en los hermanos, los dones que nos revelarán el rostro bendito de Jesús.

” ¡Qué grande es tu bondad Yahveh!, Tú la reservas para los que te temen,se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.
Tú los escondes en el secreto de tu rostro…¡ Bendito sea Yahveh que me ha brindado maravillas de amor!”
(Salmo 31, 20-21)

DON DE TEMOR.
DIA 2º
” en el temor del Señor no existe mengua,con él no hay que buscar ayuda.
El temor del Señor como un paraiso de bendición,protege él más que toda gloria. ”
(Eclesiástico 40, 26-27)

El temor de Dios no tiene nada que ver con una cosa- muy fea y desgraciada- que es el miedo a Dios. El principio del verdadero don de temor es esa reverencia hacia la grandeza, ese asombro ante la majestad que te embarga al contemplar por ejemplo el océano, o una inmensa montaña coronada de nieve…pero ese no es todavía el don del Espíritu Santo, porque los dones son para los hijos de Dios y el verdadero don de Temor es algo mucho más familiar, mucho más hogareño: es el temor del niño a separarse de su Padre, a perderle.
El padre Congar decía: “la fe es vivir a costa de Jesucristo” y esa es la clave del don de Temor. El niño no se siente poderoso, no se siente autosuficiente, no cree nunca que no necesita a su Padre, se siente desamparado solo con perderle de vista. Nosotros, desgraciadamente nos hemos hecho “mayores” en el mal sentido y no vivimos, con frecuencia, pendientes del Padre y “a costa” del Padre como vivió Jesús. Si quieres vivir de ti mismo y de tu fuerza, pierdes el espíritu de niño para acoger en pobreza el don de Dios que necesitas y sin el cual no puedes ni oir, ni entender, ni acoger nada que sea realmente el Reino de Dios.
“El que es guiado por el don de temor como tiene espíritu de niño y al niño se le da todo, lo que hace es alabar: si todo es gratuito yo te alabo.”
El don de Temor es hacerse niño, es vivir en profundidad la pobreza que lo recibe todo y en todo se siente necesitada y por eso actua como el niño que se aferra a los faldones de su Padre porque sabe que allí tiene todo lo que necesita y lejos se moriría.
“El don de temor es no alejarse de las fuentes de la gracia ” y el que tiene el don de Temor vive paradojicamente sin temor, sin temor al estilo del mundo que quiere ser fuerte en todo y de todo tiene miedo, y puede decir:
” en paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo,
porque tú solo, Señor, me asientas en seguro”
(Salmo 4,9)

” mantengo mi alma en paz y silencio
como niño destetado en el regazo de su madre,
como niño destetado está mi alma en mí.
¡Espera Israel en Yahveh
Desde ahora y por siempre!”
(Salmo 130,2-3 )

DON DE PIEDAD.
DIA 3º
” Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
Pues no recibísteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibísteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡ Abbá, Padre!”
(Romanos 8, 14-15)
La Piedad era entendida, cuando se incluyó entre los dones, no como la entendemos ahora, sino como la virtud que un hijo tiene hacia su padre, la “piedad filial”. Antes que otra cosa essentirse hijo.
Todos hemos oido cien veces que somos “hijos de Dios”, pero como todo lo que se oye mucho, es posible no haber entrado nunca en lo que, en lo profundo, significa.
” en infinitas circunstancias de la vida, ante el dolor y el sufrimiento, ¿qué nos ha ocurrido? Que no hemos podido acoger el poder de Dios, la fortaleza de Dios para nosotros; nuestro dolor nos ha podido, nuestro dolor ha sido como una acusación contra Dios, nuestro Padre.- “Tú ¿no dices que eres mi Padre? entonces ¿ por qué este sufrimiento?, ¿ por qué este dolor?”. Si en ese momento de dolor, tú puedes acoger la fuerza de Dios, se produce el don de Piedad.”
Es totalmente cierto que todo lo que Dios hace o permite en la vida será, al final bueno, muy bueno, contra toda lógica humana, contra toda sabiduría humana, pero…vivir eso es muy dificil, mejor dicho, no es difícil, es imposible, si el Espíritu Santo no lo revela y lo produce; y entonces es más fuerte que cualquier dolor, porque permite que actue la fortaleza de Dios.
Cuando el Espíritu te revela, en lo profundo del corazón, hasta remover tus entrañas, que eres hijo, entonces ya no hay amargura, resentimiento, ni acusación contra Dios: dejas de ser esclavo de tu sufrimiento, te abandonas, eres liberado.
“El don de Piedad no consiste en otra cosa que en ser introducido en la casa del Padre” y entrar en la voluntad de Dios es acoger el don. Eso es lo que nos sana, de ahí viene toda sanación.
Mientras no se vive en el don de Piedad somos como los hijos de la parábola del hijo pródigo; el que se fue viene diciendo “no soy digno de ser hijo tuyo, trátame como a uno de tus siervos”: no se ha enterado de que es hijo, hijo de verdad y su Padre siempre lo introducirá en su casa. Y si somos “cumplidores” entonces como el hijo mayor pensaremos “mi padre no es justo, no recompensa mi esfuerzo” y es que ni el uno ni el otro oyen que su padre les dice : “hijo, todo lo mio es tuyo” y si eso es así ” ¿por qué quieres tener, tú, cosas? ¿ por qué quieres hacer, tú, meritos? ¿ por qué quieres hacer y tener tu propia santidad y tu propia perfección si todo lo mio es tuyo?…No soy el hijo abandonado que está lejos, sino el hijo que está en la presencia de Dios, en la vida de Dios, en el mismo Dios”.
” vió que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de
paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos:
” Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”
(Marcos 1, 10-11)

DON DE CIENCIA.
DIA 4º
“En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto
no puede ver el reino de Dios”
(Juan 3,3)
A los hombres modernos la ciencia nos suena a gente metida en laboratorios averiguando cosas con las luces de la inteligencia humana…y a veces, sin querer, más luz que esa. La ciencia del Espíritu Santo es también una luz para ver las cosas, pero para ver las cosas como Dios las ve.
“La creación es la obra preciosa del amor de Dios que quiso que compartieran las cosas su gloria…es la luz de Dios derramada en todas las cosas”.
Desgraciadamente sabemos que no es solo la gloria de Dios lo que vemos cuando miramos la vida; vemos también el sufrimiento, la fealdad, la deformidad, el odio…incluso las cosas más bellas nos sumen en la melancolía porque pasan : pasa la juventud, pasa la belleza, la flor muere, el ser humano amado con pasión muere y no parece quedar más que unos huesos secos en un cajón.
Vista así la vida parece más una maldición que una bendición, más tiniebla que gloria de Dios.Y es que el mundo está herido de pecado, herido de muerte. Muchos hombres no han tenido nunca más visión que ésta, y por eso no deberíamos juzgar facilmente a los que no tienen fe, quizá ante este espectáculo no han podidod creer en Dios porque lo han visto como una sombra que niega su auxilio ante la desesperanza humana. Si somos sinceros encontraremos circunstancias de la vida en que también nosotros hubiéramos podido creer que Dios es implacable o que quizá no exista.
” Pero, y aquí viene el don de Ciencia, sabemos que esta creación, herida de muerte, ha sido tocada por la gracia de Jesucristo, que no solo toca el corazón del hombre y su existencia, sino a toda la creación”. La luz de la resurrección del Señor, la luz de la Pascua, ha vuelto a iluminar las cosas con la belleza inmensa en que fueron creadas y aún mucho más…las han revestido de la gloria de la resurreción; ha herido al universo de amor, de belleza, de luz.
Para la mirada de Dios, que es la mirada verdadera, ya no hay tiniebla ni muerte:
” La flor no muere para el que cree en la resurrección de Cristo, ni el arbol, ni la nube, ni la luz, ¡ni el hombre! Y si Dios nos da este poder ver las cosas así, entonces la muerte ha desaparecido de toda la creación, y esta es la maravilla del don de Ciencia”, que Dios puede darnos esa visión y quien yo amo no muere, sino que vive y vivirá para siempre, y todo lo que yo amo, vive para siempre, y todos los instantes felices de mi vida, viven para siempre y todo se transforma en gozo y gloria de Dios y esto no es un sueño sino que es la verdad de las cosas.
“¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?
¿ donde está, oh muerte, tu aguijón?”
(1 Corintios 15,55)
Y con esta visión nueva nos vemos a nosotros mismos- y somos maravilla- y vemos a nuestros hermanos- y son maravillosos- y podemos alabar con gozo: ” si ves mal a tu hermano es que no aprecias bastante la muerte del Señor, si ves mal la creación es que, para ti, todavía Cristo no ha resucitado. ¡ Que el Espíritu Santo derrame sobre todos nosotros esa luz gozosa!.

DON DE FORTALEZA.
DIA 5º
“Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!”. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice:
“Hombre de poca fe ¿por qué dudaste?”.
Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “Verdaderamente eres hijo de Dios”.
(Mateo 14, 29-33)
Hemos visto que el don de Temor es asumir nuestra pobreza delante de Dios, asumir que somos niños y no podemos nada. La respuesta de Dios a la debilidad del hombre es, precisamente, el don de Fortaleza. Jesús te toma de la mano y te hace capaz de lo que humanamente es imposible: caminar sobre las aguas, sobre las tormentas de la vida, sobre las tentaciones y sufrimientos. Pero no se trata de caminar sólo- quien lo intente se hundirá sin remedio- sino de caminar bajo la mirada y de la mano de Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo.
” La maravilla del don de fortaleza es que, al mirarte Jesucristo, al amarte Dios en tu debilidad, no quita tu debilidad sino que te fias tú de su fortaleza, te fias de su amor, te fias de su mirada, te fias de su palabra”. El don de Fortaleza es la misericordia de Dios y el amor de Dios sobre tu debilidad.
“Hay dos maneras de vivir: con el don de Fortaleza y sin el don de Fortaleza. Y, ¿sin ese don cómo se vive? Pues apoyando tu vida en ti mismo- en tus talentos, tus riquezas, tu saber, incluso tu virtud o la piedad y fervor de tus oraciones.Y eso es construir sobre arena, y la casa se derrumba cuando viene la tempestad- .
Pedro Reyero contaba una anécdota maravillosa sobre lo que es este don: Le habían operado y el dolor se hacía cada vez más y más grande y al borde de la desesperación, cuando temía ponerse a blasfemar, se acordó de Jesús y le dijo: “Señor, ¿tú que hiciste? Porque a mí me han dado dieciocho puntos, pero…a tí, ¡eso de clavarte así en vivo en la cruz!-. Y oí en mi corazón una respuesta- “es que yo en aquel momento me fiaba de otro, estaba en las manos de mi Padre”- “Pues Señor, yo quiero hacer lo mismo, no sé como hacerlo pero quiero hacer lo mismo. Me fio”. Y en aquel momento cesó todo dolor de forma instantanea…y al día siguiente …todo normal. Y después, pensando en esto, me dio una gran tristeza: “Pobre Pedro, ¡ mira que solo acordarte de esto, en el momento de mayor sufrimiento, cuando ya no puedes más! ¡Qué pena no vivirlo en la vida diaria! ¡Qué pena no vivirlo cuando convives con los demás y no puedes con la convivencia! ¡Qué pena no vivirlo en la rutina y monotonía de todos los dias! ¡Qué pena que tenga que venir Santa Bárbara tronando para que yo me entere, cuando el don de fortaleza es el pan de cada día que Dios da para la vida de sus hijos!”
” grande es el poderío del Señor,
y por los humildes es glorificado”
(Eclesiástico 3, 20)
” cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte ”
(2ª Corintios 12,10)

DON DE CONSEJO.
DIA 6º
” no son mis pensamientos vuestros pensamientos ni vuestros caminos son mis caminos, porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros”
(Isaías 55, 8-9)
Todos tenemos pensamientos y proyectos en la vida, criterios sobre lo bueno, lo razonable, lo que debe hacerse y lo que queremos conseguir , pero a menudo levantamos con todo eso una barrera ante Dios. Sabemos lo que queremos y ni a Dios le dejamos darnos otra cosa, y así muchos hombres viven en la amargura porque creen que deberían haber sido importantes, o tener otra esposa, o tener fortuna, o tener éxito evangelizando o…cualquiera de las cosas que la televisión dice que son la felicidad: Estamos encerrados como en una cárcel en nuestros deseos y pensamientos. El don de Consejo viene a romper los barrotes de esa cárcel, arevelarnos los caminos, los proyectos y los deseos de Dios.
¿ Cuantas veces nos podría decir el Señor, como a San Pedro : “tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres”?. Hay que recordar que solo los hijos reciben los dones y solo en el Hijo se puede tener los pensamientos de Dios. No se trata de reflexionar y planificar mucho sino de que Dios, con misericordia, regale sus propios pensamientos.
Al santo cura de Ars, que mostraba un discernimiento milagroso sobre los corazones y los hacía volverse a Dios diciéndo a cada uno aquello que derretía su dureza, como era además un hombre de escasa cultura, le preguntaron donde había adquirido aquella sabiduría; por toda respuesta señaló su reclinatorio ante el sagrario de su iglesia. Las largas horas de contemplación, mirando al Señor, le habían llenado de su luz y, para él, discernir con el pensamiento de Dios era ya casi un hábito. En nuestra vida, si volvemos la vista atrás, también encontraremos decisiones y discernimientos que no sabemos de donde nos vinieron, pero que el tiempo ha revelado que fueron de Dios.
El don de Consejo tiene otra consecuencia: quien piensa como Dios, actua como Dios, como hijo de Dios, y Dios es misericordia – el don de Consejo nos reviste de las entrañas de misericordia de Jesús, del alma humana de Jesús: conocer los caminos del Padre es entrar en los caminos de la misericordia, revestirnos de la humanidad de Cristo que cura, acompaña, guía y levanta a los cansados.Dejarle a Dios nuestro cuerpo y nuestra alma para que a través de ellos derrame su misericordia. No nosotros, sino El. El don de Consejo nos revela la entraña, el pensamiento, el corazón de Dios; y ese corazón no es otra cosa que misericordia.
” el hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Porque ¿ quien conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo. ”
(1 Corintios 2, 14-16)
” no será ya ocultado el que te enseña; con tus ojos verás al que te enseña, y con tus oidos oirás detrás de ti estas palabras: “ese es el camino, íd por él ” ”
(Isaías 30, 20-21)

DON DE INTELIGENCIA.
DIA 7º
” Iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús…Y sucedió que mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le reconocieran…Y sucedió que cuando se puso a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición…
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron…
Se dijeron uno a otro ¿ no estaba ardiendo nuestro corazón cuando nos hablaba…?”
(Lucas 24, 13-31)
Hemos visto que el don de ciencia es ver las cosas como las ve Dios; pues bien, el don de Inteligencia es aún mejor, pues consiste en una luz que concede el Espíritu, no ya para ver las cosas, sino para ver al mismo Dios, para reconocer su rostro bendito. Para reconocerlecuando actúa, cuando revela, cuando obra. Cuantas veces Dios es el divino desconocido, el que pasa a nuestro lado obrando en nuestra vida sin que le reconozcamos. Camina a nuestro lado y no sabemos nada de Él.
Sin este don, Jesús será para nosotros alguien maravilloso, al que conocimos, pero no el que nos acompaña en el camino, no el que vive y nos habla aquí y ahora. Como los discípulos de Emaús iremos entristecidos pensando “era maravilloso, éramos sus discípulos, aprendimos mucho de él, pero…no está, lo crucificaron y murió”- ¿No reconoceremos ese sentimiento que nos asalta cuando parece que no encontramos a Jesús en ninguna parte?. Eso significa que no hemos visto su resurrección aunque nos hayan hablado de ella- como a los discípulos de Emaús les habían hablado. Muchos cristianos pasan así por la vida: ” nos han dicho que resucitó, quizá sea cierto, pero no lo hemos visto”.
Y sin embargo, un día comienza a arder el corazón, es el síntoma de que secretamente alguien, el Espíritu Santo, nos está explicando las escrituras, nos está mostrando a Jesús. Somos tardos de corazón para entender, pero un corazón que empieza a arder por Cristo es que está en el camino de encontrarle, vivo y resucitado.
Y llega un momento en que nos sucede lo que a Pedro en el lago cuando no pescaban nada en toda la noche y vieron a un desconocido:
” El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: “es el Señor”. Cuando SimónPedro oyó “es el Señor”, se puso el vestido y se lanzó al mar” ( Juan 21, 7)
El corazón de Pedro arde y se lanza sin miedo al agua . Ha reconocido al Señor. Lo mismo nos ocurre a nosotros cuando un día leyendo las escrituras un pasaje nos habla personalmente y hasta cambia nuestra vida. Arde el corazón y reconocemos: ¡Es el Señor!. Hemos pasado por pruebas y por momentos dolorosos, y un día vemos claro que todo tenía sentido, que Jesús nos ha llevado de la mano, y reconocemos: ¡Es el Señor!. O un día miramos al hermano, o al pobre y con un estremecimiento del corazón reconocemos ¡Es el Señor!.
Sin el don de Inteligencia la escritura no es más que un libro, la vida no es más que un azar, el hermano no es más que un extraño, la eucaristía no es más que pan. Con el don de inteligencia se abren nuestros ojos y asombrados y gozosos decimos , quien está en todo esto “¡Es el Señor!”.
” Dice de tí mi corazón: “Busca su rostro.”
Sí, Yahveh, tu rostro busco: no me ocultes tu rostro”
(Salmo 27,8 )

DON DE SABIDURIA
DIA 8º

” Gustad y ved, qué bueno es el Señor
dichoso el hombre que en él se cobija ”
(Salmo, 34, 9)
Se sabe que la palabra “Sabiduría” viene de “sapere”, que significa “saborear”, es decir comprobar a qué sabe algo, qué gusto tiene. Nos pueden explicar todo lo que quieran sobre cómo sabe un melocotón, podemos leer una enciclopedia sobre frutos…en realidad no sabremos nada sobre eso hasta que mordamos uno y lo saboreemos; solo entonces sabremos cómo sabe.
Algo parecido ocurre con Dios. Se puede conocer teología hasta hartarse y no “saber” casi nada sobre Dios, sobre Dios vivo. Es el Espíritu Santo quien revela quien es Dios, cómo es Dios, a qué sabe Dios.
El don de Sabiduría más que un don, es el compendio de todos ellos; es el don de los que han conocido y saboreado a Dios.
Podemos repasar todos los dones y ver cómo todos son un “gusto ” de Dios: Es sabio quien se aferra a Dios sin soltarle porque ha gustado que en Él está la vida; es sabio quien vive como hijo de Dios porque ha gustado que Dios es Padre; es sabio quien ve la creación con los ojos de Dios porque esa visión tiene el gusto de la verdad; es sabio quien sabe encontrar su fuerza en Dios porque ha gustado que él es la unica roca; es sabio quien piensa como Dios y sigue sus caminos porque gusta la vida en esas sendas; es sabio quien sabe ver a Dios donde está: en la vida, en la escritura, en la eucaristía, en los hermanos…y todo esto es sabiduría de humildes, sabiduría de pequeños; conocimiento que no se adquiere en los laboratorios y que los sabios según el mundo ignoran.
” yo te bendigo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños ”
(Lucas 10,21)
En suma, ninguna palabra humana puede comprender enteramente al Dios Altísimo; pero lo que es Dios, nos lo ha revelado Él mismo: El corazón de Dios es el Amor. Amor que nos sobrepasa infinitamente por arriba, por abajo y por doquier. Si gustas el amor y el perdón de Dios ya no te juzgarás ni juzgarás a nadie, si gustas la misericordia de Dios ya no desearás otra cosa. Que el Espíritu Santo nos conceda el verdadero conocimiento de Dios para que seamos uno con él.
” que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados ycimentados en el amor, podais comprender con todos los santos cual es laanchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor deCristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayais llenando hasta la total plenitud de Dios. ”
(Efesios 3, 17-19)

(Preparado por un hermano, sobre textos del P. Pedro Reyero)

El Pecado


Descripción Bíblica del Pecado.

En el Antiguo Testamento, el pecado es establecido como un acto de desobediencia (Gen., ii, 16-17; iii, 11; Is., i, 2-4; Jer., ii, 32); como un insulto a Dios (Num., xxvii, 14); como algo detestado y castigado por Dios (Gen., iii, 14-19; Gen., iv, 9-16); como injurioso al pecador (Tob., xii, 10); como algo expiable por penitencia (Ps. 1, 19). En el nuevo Testamento, es claramente enseñado en San Pablo que el pecado es una trasgresión de la ley (Rom., ii, 23; v, 12-20); una esclavitud de la cual somos liberados por la gracia (Rom., vi, 16-18); una desobediencia (Heb., ii, 2) castigada por Dios (Heb., x, 26-31). San Juan describe el pecado como una ofensa a Dios, un desorden de la voluntad (Juan, xii, 43), una iniquidad (I Juan, iii, 4-10).

Cristo, en muchas de Sus declaraciones enseña la naturaleza y extensión del pecado. El vino a promulgar una nueva ley mas perfecta que la antigua, que se pudo extender a ordenar no solo los actos externos sino internos a un grado desconocido anteriormente y, en Su Sermón de la Montaña condena como pecadores muchos actos que eran juzgados como honestos y correctos por los doctores y maestros de la Antigua Ley. Denuncia de modo especial la hipocresía y el escándalo, la infidelidad y el pecado contra el Espíritu Santo. El enseña en particular, que los pecados vienen del corazón (Mat., xv, 19-20).

Sistemas que niegan el pecado o distorsionan su Verdadera Noción.

Todos los sistemas, religiosos o éticos, ya sea que niegan, por un lado, la existencia de un creador personal y legislador distinto y superior a su creación, o por otro lado, la existencia de la voluntad libre y la responsabilidad en el hombre, distorsionan o destruyen la verdadera noción bíblica-teológica del pecado. En los comienzos de la era Cristiana, los Gnósticos, aunque sus doctrinas variaban en sus detalles, negaban la existencia de un creador personal. La idea del pecado en el sentido Católico no estaba contenida en su sistema. Para ellos, no hay pecado, salvo el pecado de ignorancia que no necesita expiación; Jesús no es Dios (Ver GNOSTICISMO). El Maniqueísmo (q.v.) con sus dos principios eternos, bien y mal, en guerra perpetua entre ellos, es también destructivo de la verdadera noción de pecado. Todo mal, y consecuentemente todo pecado, viene del principio de mal. El concepto Cristiano de Dios como dador de ley se destruye. El pecado no es un acto voluntario conciente de desobediencia a la voluntad Divina. Los sistemas panteístas que niegan la distinción entre Dios y Sus creaturas, hacen que el pecado sea imposible. Si el hombre y Dios son uno, el hombre no es responsable de ninguno de sus actos, donde la moralidad es destruida. Si él es su propia regla de acción, no se puede desviar del bien como enseña Santo Tomás (I:63:1). La identificación de Dios y el mundo por el Panteísmo (q.v.) no da lugar al pecado.

Debe haber alguna ley donde el hombre es sujeto, superior y distinto de él, la cual puede ser obedecida y trasgredida, donde el pecado puede entrar dentro de sus actos. Esta ley debe ser mandato de un superior, porque las nociones de superioridad y sujeto son correlativas. Este superior solo puede ser Dios, quien es el único autor y señor del hombre. El Materialismo, negando como lo hace la espiritualidad y la inmortalidad del alma, la existencia de absolutamente ningún espíritu, y consecuentemente de Dios, no admite el pecado. No hay voluntad libre, todo está determinado por las inflexibles leyes del movimiento. La “Virtud” y el “vicio” son calificaciones de actos, sin sentido. El Positivismo coloca el fin último del hombre en algún bien sensible. Su ley suprema de acción es buscar el máximo de placer. El Egotismo o el altruismo es la norma suprema y criterio de los sistemas Positivistas, y no la ley eterna de Dios como revelada por El y dictada por conciencia. Para los materialistas evolucionistas, el hombre no es sino un animal altamente desarrollado, y la conciencia, un producto de la evolución. La Evolución ha revolucionado la moralidad y ya no existe el pecado.

Kant en su “Crítica a la Razón Pura”, habiendo rechazado todas las nociones esenciales de la verdadera moralidad, es decir, libertad, el alma, Dios y una vida futura, intentó en su “Crítica de la Razón Práctica” reestablecerlas en la medida que eran necesarias para la moralidad. La razón práctica, nos dice, nos impone una idea de ley y deber. El principio fundamental de la moralidad de Kant es “el deber por el bien del deber”, no Dios ni Su ley. El deber no puede ser concebido en sí mismo como una cosa independiente. Trae consigo ciertos postulados, el primero de los cuales es la libertad. En su doctrina, el hombre, en virtud de su razón práctica “Yo debo, luego yo puedo” tiene conciencia de la obligación moral (imperativo categórico). Esta conciencia supone tres cosas: libre voluntad, inmortalidad del alma, y la existencia de Dios, de otro modo el hombre no sería capaz de cumplir sus obligaciones, no podría haber suficiente sanción por la ley Divina, ningún premio o castigo en la vida futura. El sistema moral kantiano se maneja entre oscuridades y contradicciones y es destructivo de muchas de las enseñanzas de Cristo. La dignidad personal es la regla suprema de las acciones del hombre. La noción de pecado como oposición a Dios, es suprimida. De acuerdo a las enseñanzas del materialismo Monista hoy en día tan diseminado, no hay ni puede haber voluntad libre. De acuerdo a esta doctrina solo existe un cosa y que produce todos los fenómenos, incluido el pensamiento; no somos sino muñecos en sus manos, llevados de aquí para allá a su voluntad y finalmente llevados a la nada. En tal sistema, no hay lugar para el bien y el mal, una libre observancia o una trasgresión voluntaria de la ley. El pecado en su sentido verdadero, es imposible. Sin ley y libertad y un Dios personal no hay pecado.

Que Dios existe y puede ser conocido por Sus creaciones visibles, que El ha revelado sus decretos de Su eterna voluntad al hombre y es distinto de Sus creaturas (Denzinger-Bannwart, “Enchiridion”, nn. 178 2, 1785, 1701), son materias de fe y enseñanzas Católicas. El hombre es un ser creado dotado de libre voluntad (ibid., 793), hecho el cual, puede ser probado en las Escrituras y en razón del pecado de Adán quien ha perdido su inocencia primitiva, y mientras la voluntad libre permanece, sus poderes han sido disminuidos. (Ver PECADO ORIGINAL)

Errores Protestantes.

Lutero y Calvino muestran como su error fundamental que propiamente hablando no queda voluntad libre en el hombre luego de la caída de nuestros primeros padres; que el cumplimiento de los preceptos de Dios es imposible aún con la asistencia de la gracia, y que el hombre peca en todos sus acciones. La Gracia no es un don interno, sino algo externo.

A algunos no se les imputa pecado, porque están cubiertos con el velo del mérito de Cristo. La sola fé salva y no hay necesidad de buenas obras. En la doctrina de Lutero, el pecado no puede ser una trasgresión deliberada de la Ley Divina. Jansenio en sus “Agustinos” enseñó que, de acuerdo a los poderes presentes en el hombre, algunos preceptos de Dios son imposibles de cumplir incluso para el justo que se esfuerza por cumplirlos, y luego enseña que la gracia por medio de la cual es posible el cumplimiento es deseada incluso por el justo. Su error fundamental consiste en enseñar que la voluntad no es libre sino que está guiada necesariamente ya sea por la concupiscencia o la gracia. La libertad interna no es necesaria para el mérito o demérito. Basta la Libertad de coerción. Cristo no murió por todos los hombres. Baio enseñaba una doctrina semi luterana. La libertad no está enteramente destruida, sino que tan debilitada que sin la gracia no puede sino pecar. La verdadera libertad no se requiere para pecar. Un acto malo cometido involuntariamente vuelve al hombre responsable (proposiciones 50-51 en Denzinger-Bannwart, “Enchiridion”, nn. 1050-1). Todos los actos hechos sin caridad son pecados mortales y merecen la condenación porque proceden de la concupiscencia. Esta doctrina niega que el pecado sea una trasgresión voluntaria de la Ley Divina. Si el hombre no es libre, los preceptos no tienen ningún sentido en la medida que a él le corresponda.

Reconocerse pecador

Como escribe el apóstol San Juan: “Si decimos que estamos sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está con nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, El que es fiel y justo nos perdonará los pecados” (1 Jn 1,8 s.). (…) Reconocer el propio pecado, es más,-yendo aún más a fondo en la consideración de la propia personalidad- reconocerse pecador capaz de pecado e inclinado al pecado, es el principio indispensable para volver a Dios.

Muchos no ven ya en qué han pecado, y, aún menos, si han pecado gravemente; ni ven sobre todo por qué habrían de pedir perdón ante un representante de la Iglesia (Aloc. 1-IV-82).

Amadísimos:
“Formar” la conciencia propia es tarea fundamental. La razón es muy sencilla: nuestra conciencia puede errar. Y cuando sobre ella prevalece el error, ocasiona (…) una enfermedad mortal hoy muy difundida: la indiferencia respecto a la verdad.

¿De dónde nace esta gravísima enfermedad espiritual? Su origen último es el orgullo en el que reside la raíz de cualquier mal. El orgullo lleva al hombre a atribuirse el poder de decidir, cual árbitro supremo, lo que es verdadero y lo que es falso (Aloc. 24-VIII-83).

Una historia siempre actual

“Un hombre tenia dos hijos. El más joven dijo al padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”” (cfr. Lc 15, 11-32), dice Jesús poniendo al vivo la dramática vicisitud de aquel joven: la azarosa marcha de la casa paterna, el despilfarro de todos sus bienes llevando una vida disoluta y vacía, los tenebrosos días de la lejanía y del hambre, pero más aún, de la dignidad perdida, de la humillación y de la vergüenza y, finalmente, la nostalgia de la propia casa, la valentía del retorno, la acogida del Padre. (…).

El hombre -todo hombre- es este hijo pródigo: hechizado por la tentación de separarse del Padre para vivir independientemente la propia existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío que, como espejismo, lo había fascinado solo, deshonrado, explotado mientras buscaba construirse un mundo todo para si; atormentado incluso desde el fondo de la propia miseria por el deseo de volver a la comunión con el Padre.
Pero la parábola pone en escena también al hermano mayor que rechaza su puesto en el banquete (…). Hasta que este hermano, demasiado seguro de si mismo y de sus propios méritos, celoso y displicente, lleno de amargura y de rabia, no se convierta y no se reconcilie con el padre y con el hermano, el banquete no será aún en plenitud la fiesta del encuentro y del hallazgo.

El hombre-todo hombre-es también este hermano mayor. El egoísmo lo hace ser celoso, le endurece el corazón, lo ciega y lo hace cerrarse a los demás y a Dios.

El pecado, ofensa a Dios

La parábola evangélica de los dos hijos -que de formas diversas se alejan del padre, abriendo un abismo entre ellos- es significativa. Nos hace meditar sobre las funestas consecuencias del rechazo del Padre, lo cual se traduce en un desorden en el interior del hombre y en la ruptura de la armonía entre hermano y hermano. El rechazo del amor paterno de Dios y de sus dones de amor está siempre en la raíz de las divisiones de la humanidad.

Exclusión de Dios, ruptura con Dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es bajo formas diversas el pecado.

El hombre, empujado por el Maligno y arrastrado por su orgullo abusa de la libertad que le fue dada para amar y buscar el bien generosamente, negándose a obedecer a su Señor y Padre.

El hombre, en lugar de responder con amor al amor de Dios, se le enfrenta como un rival, haciéndose ilusiones y presumiendo de sus propias fuerzas, con la consiguiente ruptura de relaciones con Aquél que lo creó (…) y que le mantiene en vida; el pecado es, por consiguiente, un acto suicida.

Si el pecado es la interrupción de la relación filial con Dios, entonces pecar no es solamente negar a Dios: pecar es también vivir como si Él no existiera, es borrarlo de la propia existencia diaria.

Pecado personal y pecado social

El pecado es siempre un acto de la persona, porque es un acto libre de la persona individual, y no precisamente de un grupo o comunidad. (…) No se puede ignorar esta verdad con el fin de descargar en realidades externas -las estructuras, los sistemas los demás-el pecado de los individuos. Después de todo esto supondría eliminar la dignidad y la libertad de la persona.

Los pecados sociales son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. (…) Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas.

Mortal y venial

1.Pecado venial

El hombre sabe bien, por experiencia, que el camino que le lleva al conocimiento y amor de Dios, puede detenerse o distanciarse, sin por ello abandonar la vida de Dios; en este caso se da el pecado venial que, sin embargo, no deberá ser atenuado como si automáticamente se convirtiera en algo secundario o en un “pecado de poca importancia”.

2. Pecado mortal

Pero el hombre sabe también, por una experiencia dolorosa, que, mediante un acto consciente y libre de su voluntad puede volverse atrás, caminar en el sentido opuesto al que Dios quiere y alejarse así de Él, separándose del principio de vida que es Él, y eligiendo por lo tanto, la muerte.

Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y, además es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento. Es un deber añadir -como se ha hecho también en el Sínodo- que algunos pecados, por razón de su materia, son intrínsecamente graves y mortales. Es decir, existen actos que, por si y en si mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto. Estos actos, si se realizan con el suficiente conocimiento y libertad son siempre culpa grave (. .). Esto puede ocurrir de modo directo y formal, como en los pecados de idolatría, apostasía y ateismo o de modo equivalente, como en todos los actos de desobediencia a los mandamientos de Dios en materia grave.

3.Consecuencias

El pecado venial no priva de la gracia santificante de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por lo tanto, de la bienaventuranza eterna, mientras que tal privación es precisamente consecuencia del pecado mortal.
Considerando además el pecado bajo el aspecto de la pena que incluye Santo Tomás con otros doctores llama mortal al pecado que, si no ha sido perdonado, conlleva una pena eterna es venial el pecado que merece una simple pena temporal (o sea parcial y expiable en la tierra o en el purgatorio).

La reconciliación viene de Dios

Como el padre de la parábola, Dios anhela el regreso del hijo, lo abraza a su llegada y adereza la mesa para el banquete del nuevo encuentro, con el que festeja la reconciliación.

Lo que más destaca en la parábola es la acogida festiva y amorosa del padre al hijo que regresa: signo de la misericordia de Dios, siempre dispuesto a perdonar En una palabra: la reconciliación es principalmente un don del Padre celestial.

Esta iniciativa de Dios se concreta y manifiesta en el acto redentor de Cristo que se irradia en el mundo mediante el ministerio de la Iglesia.

Se nos puede preguntar: ¿No somos nosotros-únicamente nosotros-tos que asumimos la iniciativa de pedir el perdón de los pecados? (…)

Ciertamente, también se exige nuestra libertad Dios no impone su perdón a quien rehúsa aceptarlo. Pero Dios está “antes” que nosotros y antes que nuestra invocación para ser reconciliados. Nos espera. Nosotros no nos apartaríamos de nuestro pecado, si Dios no nos hubiera ofrecido ya su perdón. Más aún: No nos decidiríamos a abrirnos al perdón, si Dios, mediante el Espíritu que Cristo nos ha dado, no hubiera ya realizado en nosotros pecadores un impulso de cambio de existencia, como es, precisamente, el deseo y la voluntad de conversión. “Os lo pedimos -dice San Pablo-: dejaos reconciliar con Dios” (2 Cor 5, 20). En apariencia, somos nosotros quienes damos los primeros pasos; en realidad, en el comienzo de nuestra reforma de vida está el Señor que nos ilumina y nos solicita. La gratitud debe llenarnos el corazón antes aún de ser liberados de nuestras culpas mediante la absolución de la Iglesia. (Audiencia 29-II-84).