Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición Urbi et Orbi 2017


 

En su Mensaje Pascual, pronunciado en la plaza de San Pedro del Vaticano tras la Misa de Pascua de Resurrección y del rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco pidió por la paz en diferentes países de Oriente Medio y África azotados por sangrientos conflictos.

El Santo Padre, en concreto, pidió “al Señor Resucitado” que “sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen”.

 

Asimismo, pidió “que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor”.

En el Mensaje Pascual, el Pontífice también se acordó de América Latina: “Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia”.

Francisco también rezó por Europa, para “que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes”.

En especial, tuvo palabras para la población ucraniana: “Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias”.

Tras pronunciar el mensaje, el Papa Francisco impartió la Bendición Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo).

A continuación, el texto completo del Mensaje Pascual del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas,

Feliz Pascua.

Hoy, en todo el mundo, la  Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado. Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: ‘Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya’ (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión –las heridas de su amor misericordioso– nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. El vil ataque de ayer a los prófugos que huían ha provocado numerosos muertos y heridos. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.

Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.

Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua.

 

Aciprensa

 

 

Catequesis del Papa Francisco sobre la esperanza y la confianza en Dios


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Este miércoles el Papa Francisco aprovechó su última audiencia general de 2016 para hablar de la esperanza, que es la fe en la promesa de Dios más allá de toda razón humana y de todo entendimiento, como ocurrió con Abraham cuando el Señor le prometió una descendencia.

A continuación el texto completo gracias a la traducción de Radio Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

San Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la gran figura de Abraham, para indicarnos la vía de la fe y de la esperanza. De él el apóstol escribe: «Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones»; “esperando contra toda esperanza”: es duro esto, ¿eh? Esto es fuerte: no hay esperanza, pero yo espero. Y así nuestro padre Abraham. San Pablo se está refiriendo a la fe con la cual Abraham creyó en la palabra de Dios que le prometía un hijo. Pero de verdad era confiarse esperando “contra toda esperanza”, era tan imposible aquello que el Señor le estaba anunciando, porque él era anciano – tenía casi cien años – y su mujer era estéril. No lo ha logrado. Pero lo ha dicho Dios, y lui creyó. No había esperanza humana porque él era anciano y su mujer estéril: y él cree.

Confiando en esta promesa, Abraham se pone en camino, acepta dejar su tierra y hacerse extranjero, esperando en este “imposible” hijo que Dios habría debido donarle no obstante el vientre de Sara fuese como si estuviera muerto. Abrahán cree, su fe se abre a una esperanza aparentemente irracional; esta es la capacidad de ir más allá de los razonamientos humanos, de la sabiduría y de la prudencia del mundo, más allá de lo que es normalmente considerado sentido común, para creer en lo imposible. La esperanza abre nuevos horizontes, hace capaz de soñar lo que no es ni siquiera imaginable. La esperanza hace entrar en la oscuridad de un futuro incierto para caminar en la luz. Es bella la virtud de la esperanza; nos da tanta fuerza para ir en la vida.

Pero es un camino difícil. Y llega el momento, también para Abraham, de la crisis de desaliento. Ha confiado, ha dejado su casa, su tierra y sus amigos. Todo. Y ha salido, ha llegado al país que Dios le había indicado, el tiempo ha pasado. En aquel tiempo hacer un viaje así no era como ahora, con los aviones – en 12 o 15 horas se hace –; se necesitaban meses, años. El tiempo ha pasado, pero el hijo no llega, el vientre de Sara permanece cerrado en su esterilidad.

Y Abraham, no digo que pierde la paciencia, sino se queja ante el Señor. Y esto aprendemos de nuestro padre Abraham: quejarnos ante el Señor es un modo de orar. A veces yo escucho, cuando confieso: “Me he quejado con el Señor…” y yo respondo: “No te quejes Él es Padre”. Y este es un modo de orar: quejarme ante el Señor, esto es bueno. Se queja ante el Señor y Abraham dice así: «Señor, respondió Abraham, […] yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco (Eliezer era quien gobernaba todas las cosas). Después añadió: “Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero”. Entonces el Señor le dirigió esta palabra: “No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti”. Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: “Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. Abram creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación» (Gen 15,2-6).

La escena se desarrolla de noche, afuera esta oscuro, pero también en el corazón de Abraham esta la oscuridad de la desilusión, del desánimo, de la dificultad de continuar esperando en algo imposible. Ahora el patriarca es demasiado avanzado en los años, parece que no hay más tiempo para un hijo, y será un siervo el que entrará a heredar todo.

Abrahán se está dirigiendo al Señor, pero Dios, aunque este ahí presente y habla con él, es como si se hubiera alejado, como si no hubiese cumplido su palabra. Abraham se siente solo, esta viejo y cansado, la muerte se acerca. ¿Cómo continuar confiando?

Y además, ya este reclamo suyo es una forma de fe, es una oración. A pesar de todo, Abraham continúa creyendo en Dios y esperando en algo que todavía podría suceder. Al contrario, ¿para qué interpelar al Señor, quejándose ante Él, reclamando sus promesas? La fe no es solo silencio que acepta todo sin reclamar, la esperanza no es la certeza que te da seguridad ante las dudas y las perplejidades. Pero muchas veces, la esperanza es oscura; pero está ahí, la esperanza… que te lleva adelante. Fe es también luchar con Dios, mostrarle nuestra amargura, sin “pías” apariencias. “Me he molestado con Dios y le he dicho esto, esto, esto” Pero Él es Padre, Él te ha entendido: ve en paz. ¡Tengamos esta valentía! Y esto es la esperanza. Y la esperanza es también no tener miedo de ver la realidad por aquello que es y aceptar las contradicciones.

Abraham pues, en la fe, se dirige a Dios para que lo ayude a continuar esperando. Es curioso, no pide un hijo. Pide: “Ayúdame a continuar esperando”, la oración de tener esperanza. Y el Señor responde insistiendo con su improbable promesa: no será un siervo el heredero, sino un hijo, nacido de Abraham, generado por él. Nada ha cambiado, por parte de Dios. Él continúa afirmando aquello que había dicho, y no ofrece puntos de apoyo a Abraham, para sentirse seguro. Su única seguridad es confiar en la palabra del Señor y continuar esperando.

Y aquel signo que Dios dona a Abraham es una invocación a continuar creyendo y esperando: «Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas […] Así será tu descendencia». Es todavía una promesa, es todavía algo de esperar para el futuro. Dios saca afuera de la carpa a Abrahán, en realidad de sus visiones restringidas, y le muestra las estrellas. Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe; no solo estrellas, que todos podemos ver, sino para Abrahán deben convertirse en el signo de la fidelidad de Dios.

Es esta la fe, este el camino de la esperanza que cada uno de nosotros debe recorrer. Si también a nosotros nos queda como única posibilidad mirar las estrellas, entonces es tiempo de confiar en Dios. No hay una cosa más bella. La esperanza no defrauda. Gracias.

Aciprensa

El conflicto permanente del bien y el mal


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Mucha gente aún no es consciente que la lucha entre el bien y el mal es algo constante y permanente, ella se produce en la familia y en el trabajo, en la ciudad y en el Estado, entre amigos y con desconocidos, los podemos apreciar diariamente al observar las noticias, pugnas de poder entre países, persecución religiosa contra cristianos en Medio Oriente y en el mundo .

Explicar el mal en nuestros días cada vez se hace más difícil a causa de una sociedad que no es consciente sobre lo que es pecado y sus consecuencias; eso trae como consecuencia que muchos no tengan la necesidad del perdón y por supuesto en seguir a Jesucristo.

La historia, la antropología, la psicología y por supuesto la religión han intentado explicar lo que significa el mal y su consecuencia más básica como es el pecado.  La literatura lo ha expresado a partir de la magia negra como el caso de los escritos de Tolkien y en fábulas incluso acercándose a la teología como es el caso de S.S.Lewis, la famosa serie de La guerra de las galaxias, las celebraciones de fiestas paganas como Halloween entre otras, las prácticas del Reiki, Yoga, feng shui, bioenergética, meditación trascendental entre otras prácticas, para la búsqueda de una paz interior y del autoconocimiento, donde nos centramos en el individualismo y creemos que con el uso de técnicas y energías, solucionaremos nuestros conflictos y aliviaremos el sufrimiento que estamos pasando.

Lo que muchos desconocen es que lo ocurrido cuando se originó el pecado se repite en la vida de cada hijo de Dios.  Así como dicho evento logró cambiar la historia apacible y pacífica en todo el universo y se inició una batalla tan grande que incluso hizo que el Hijo de Dios muriera vilmente en una cruz; también se libra una batalla en la vida de cada una de las personas que habitamos en este mundo.

El mal y el pecado tuvieron su origen en el cielo y en un ángel perfecto llamado Lucifer, quien se reveló, y tomó una posición contraria a los designios de Dios (Ezequiel 28: 16-19; Isaías 14:12-14).  Posiblemente  nos sea difícil comprender lo que allí ocurrió a causa de la distancia enorme en tiempo y también a causa de la pecaminosidad que compartimos todos, sin embargo lo que allí aconteció cambió el rumbo de la historia para siempre.

Este aspecto se hace muy necesario comprender a la hora de tomar decisiones en cuanto a nuestra vida como cristianos, porque la estrategia satánica no cambia; sigue siendo la misma y en la que millones son controlados y así evita que el triunfo de la cruz sea efectivo en la vida de quienes se someten a él.

 Si consideramos el actuar de Lucifer, podríamos entender muchas de las cosas con las que él ahora como Satanás hace caer a los hijos de Dios.

La Palabra de Dios nos informa que hubo una guerra literal en el cielo (Apocalipsis 12:7-9), esa guerra no ha concluido, aunque la cruz es una especie de certificado de triunfo para los que aceptan a Jesús y un certificado de defunción para los que definitivamente no lo aceptan.  La guerra por el bien y el mal ha tenido distintos ribetes, tanto en el cielo como en la tierra, ha sido descarnada, y todo por la arrogancia de uno que quiso tomar el lugar de Dios.

Satanás a través de los tiempos ha utilizado poderes políticos para destruir físicamente a los seguidores de Cristo, y sabe que lo que aconteció en la cruz es el cumplimiento de la profecía de Génesis 3:15, que anunció su derrota y finalmente su extinción que ocurrirá al fin de la historia de la redención.

Hoy deberíamos tener cuidado con teorías que permean incluso la mente de un cristiano, no se olvide que Satanás, -que sabe que está perdido-, dedica todo su tiempo y esfuerzo en hacer que las personas,- incluso los cristianos-,  se pierdan también.  Por ello utiliza la misma estrategia desde siempre, porque sabe que los seres humanos somos factibles de engañar a causa de la autosuficiencia.

El gran problema de nuestra sociedad es que ha dejado a Dios a un lado y ha establecido un camino viable a la autoconservación y en su búsqueda de respuestas, se siente satisfecho por sus logros y por las respuestas que la experiencia y lo empírico le da, alejándose cada vez más de la fe.  En otras palabras, esta acción es de independencia, similar a la de Satanás cuando se reveló en el cielo, algo totalmente contrario a lo que Dios desea para sus hijos, Él espera una rendición total y absoluta y una total y absoluta dependencia.

Por esto es que incluso los valores y estilos de vida cristianos, cada vez son menos preciados y considerados incluso ‘atentatorios’ con las libertades de las personas, el mismo argumento de Lucifer en el cielo.  Por ello es que me atrevo a señalar que existe una ausencia de la conciencia sobre lo que es pecado y lamentablemente esta ausencia incluso esta permeando la conciencia de quienes nos consideramos cristianos, sistematizando lo que es bueno y lo que es malo, dejando a un lado lo que Dios ha señalado en su Palabra.

La lucha por el bien y el mal se libra en cada uno, es invisible, pero es sorprendentemente fuerte.  Pablo lo señala de manera muy clara, describiendo el conflicto como una lucha que no es “contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12).

El apóstol tenía muy claro lo que acontecía porque el mismo había tenido que enfrentar el poder diabólico en su ministerio, sin embargo también dio testimonio de los triunfos gracias al poder de Dios actuando en su vida.

Cómo vencer?

Generalmente las batallas tienen un ganador y un derrotado.  En lo que se refiere al aspecto definitivo Cristo ha ganado la batalla, Él mismo lo dijo describiendo su misión en la tierra, “para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1Juan 3:8), es decir Satanás ha sido derrotado y espera que su condena sea efectiva cuando Dios termine por completo con el pecado (Apocalipsis 20:10).
El gran tema es ¿cómo podemos librar la batalla y salir victoriosos?  Lo primero a considerar es que el tenor de la batalla no es físico sino espiritual y por lo tanto las fuerzas en combate son sobrenaturales, por lo tanto desde ese punto de vista, no estaríamos en condiciones  de enfrentar con nuestras fuerzas el embate de la batalla.

¿Cómo entonces podemos salir victoriosos? 

La única manera en que podemos librar exitosamente la batalla en medio del gran conflicto entre el bien y el mal es depositando toda la confianza y seguridad en los méritos de Cristo.  Así como la promesa mesiánica en Edén sobre el triunfo de Cristo en la cruz (Génesis 3:15) se ve reflejada en sus palabras: “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Allí es donde radica el éxito sobre el mal, aceptando primero el sacrificio sustitutivo de Cristo y recibiéndolo día a día, siguiendo sus preceptos y aceptando la voluntad de Dios, la única forma que podemos sostenernos es mediante la oración constante, la eucaristía, confesión y comunión, sin estos elementos jamás estaremos protegidos de los ataques permanentes que estaremos recibiendo en nuestro diario vivir.

En este sentido la vida cristiana debería experimentar un crecimiento ‘en Cristo’ y no en nuestras fuerzas.  Este crecimiento que se edifica en un triunfo diario en el conflicto entre el bien y el mal y allí  cobra fuerza la acción del Espíritu Santo en la mente de quien le permita actuar, fortaleciendo y entregando herramientas para el triunfo, por ello es que Pablo dice que ya no vive él sino Cristo (Gálatas 2:20) y por ello nos anima a seguir su ejemplo en fortalecer nuestra vida cristiana en Cristo (Filipenses 4:13).

Al finalizar no podemos olvidar que es imposible vencer esta lucha espiritual sobrenatural sin un poder espiritual sobrenatural; para ello es indispensable la oración que nos pone en comunión con Dios y nos hace dependientes de Él y en la Biblia que permite atender las indicaciones de parte de Dios para nuestro diario vivir, porque con Cristo somos más que vencedores (Romanos 8:37).

ORACION:

Dios del Cielo, Dios de la Tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes. Dios que puedes dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios sino tú, Creador de todas las cosas visibles e invisibles, cuyo reino no tendrá fin. Con humildad nos dirigimos a tu Soberana Majestad rogándote te dignes librarnos. Amén.

De las acechanzas del Demonio, …líbranos Señor.

Que te dignes Señor conceder a tu Iglesia la seguridad y la libertad para servirte,… te rogamos Señor nos escuches.

Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia, … te rogamos Señor nos escuches.

Amén

ORACION A SAN MIGUEL ARCANGEL:

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Gloriosísimo Príncipe de los Ejércitos Celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate contra las principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra los espíritus de maldad en los aires ¡ven en auxilio de los hombres que Dios ha hecho a su Imagen y semejanza, y rescatado a tan alto precio de la tiranía del demonio!

Eres tú a quien venera la Santa Iglesia como su Guardián y su Protector; a ti ha confiado el Señor las almas, redimidas para introducirlas en la felicidad del Cielo. Ruega al Dios de Paz que aplaste a Satanás bajo tus pies, a fin de despojarle de todo poder de retener cautivos a los hombres y de perjudicar a la Iglesia.

Dígnate presentar al Altísimo nuestras Oraciones para que prontamente desciendan sobre nosotros las Misericordias del Señor, y vence a la antigua serpiente que es el diablo o Satanás, para precipitarlo encadenado a los abismos, de manera que no pueda ya jamás seducir a las Naciones. Amén.

ORACION DE PROTECCION CORAZA DE SAN PATRICIO:

Me envuelvo hoy día y ato a mi una Fuerza Poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Cristo, con su bautismo, la fuerza de su Crucifixión y entierro, la fuerza de su Resurrección y Ascensión, la fuerza de su vuelta para el Juicio de la Eternidad.

Me envuelvo y ato a mí la fuerza proveniente de los méritos de todos aquellos que ya están unidos a Dios para siempre en la eternidad, especialmente la fuerza de los méritos de María Santísima, San José, San Juan Bautista y mis Santos Patronos.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza del Espíritu Santo que fortaleció a los Apóstoles en Pentecostés, la fuerza del amor de los Querubines, la obediencia de los Ángeles, el servicio de los Arcángeles, la esperanza de la resurrección para el premio, las Oraciones de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, las predicaciones de los Apóstoles, la fe de los Mártires, las buenas obras de los Confesores.

Me envuelvo hoy día y ato a mí el Poder del Cielo, la luz del sol, el brillo de la luna, el resplandor del fuego, la velocidad del rayo, la rapidez del viento, la profundidad del mar, la firmeza de la tierra, la solidez de la roca.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la Fuerza de Dios para orientarme, el Poder de Dios para sostenerme, la Sabiduría de Dios para guiarme, el ojo de Dios para prevenirme, el oído de Dios para escucharme, la Palabra de Dios para apoyarme, la mano de Dios para defenderme, el camino de Dios para recibir mis pasos, el escudo de Dios para protegerme, los Ejércitos de Dios para darme seguridad contra las trampas de los demonios, contra las tentaciones de los vicios, contra las malas inclinaciones de la naturaleza, contra todos los que desean el mal, de palabra, obra y pensamiento, de lejos y de cerca, estando yo solo o en la multitud.

Convoco hoy día a todas las Fuerzas Poderosas, que están entre mí y esos males, para oponerlas contra los encantamientos de los falsos profetas, contra las leyes negras del paganismo, contra las leyes falsas de los herejes, contra la astucia de la idolatría, contra los conjuros de las brujas, brujos y magos, contra todos los que me envidian y planifican cómo destruirme, contra la curiosidad que daña el cuerpo y el alma del hombre.

Invoco a Cristo para que me proteja hoy contra el veneno, el incendio, el ahogo, las heridas, para que pueda yo alcanzar abundancia de premio.

Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo debajo de mí, Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura.

Invoco a Cristo para que este en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la boca de todos los que hablan de mí, Cristo en todo ojo que me ve, Cristo en todo oído que me escucha.

Me envuelvo hoy día y ato a mí una Fuerza Poderosa; la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Divinas Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.

Del Señor es la Salvación, el Señor es la fuerza de la Salvación, Cristo es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian para servirle con santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días. Amén.

ORACION A SAN BENITO ABAD:

Glorioso Padre Benito, ayúdanos en la lucha contra el demonio, el mundo y la carne. Aleja de nosotros cualquier influencia maligna, las tentaciones, el poder del Mal, los peligros para nuestro espíritu y para nuestro cuerpo.

Ayúdanos a confiar en el Amor de Dios nuestro Padre, en la Fuerza de Cristo nuestro Salvador, y en la Presencia del Espíritu Santo nuestro Defensor. Amén.

ORACION A JESUS, EL JUSTO JUEZ:

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesucristo, Dios de vivos y muertos, Eterno Sol de Justicia, encarnado en el casto vientre de la Virgen María, por la salud del linaje humano, Justo Juez, Creador del Cielo y de la Tierra, y muerto en la Cruz por mi amor. Tu que fuiste envuelto en un sudario y puesto en un sepulcro del que al tercer día Resucitaste vencedor de la muerte y del Infierno. Justo y Divino Juez, oye mis súplicas, atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.

Tu voz imperiosa serenaba a las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos como a Lázaro y al hijo de la viuda de Nahím. El imperio de tu voz ponía en fuga a todos los demonios, haciéndolos salir de los cuerpos poseídos, y dio vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina. Tu te hiciste invisible a tus enemigos, a tu voz retrocedieron cayendo por tierra en el huerto, los que fueron a aprisionarte, y cuando expirabas en la Cruz, a tu poderoso acento se estremecieron los orbes.

Tú abriste las cárceles a Pedro y lo sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes; tú salvaste a Dimas y perdonaste a la adúltera. Te suplico, Justo Juez, me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles. La sábana santa en que fuiste envuelto me cubra; tu sagrada sombra me esconda, el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que me persiguen, y los que me deseen mal ojos tengan y no me vean, manos tengan y no me tienten, oídos tengan y no me oigan, lengua tengan y no me acusen, y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarme.

Oh Jesucristo, Justo y Divino Juez, favoréceme en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos, y has que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y Santa voz llamándote en mi auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grillos y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen y toda arma que sea en mi contra se inutilice; ni los caballos me alcancen, ni los espías me miren ni me encuentren.

Tu Sangre me bañe, tu manto me cubra, tu mano me bendiga, tu Poder me oculte, tu Cruz me defienda, y sea mi escudo en la vida y en la hora de mi muerte.

Ho Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, que con El y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero; oh Verbo Divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad, para que libre de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.

Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, oh Verbo divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad para que me libres de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.

Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, líbrame de todo peligro y accidente; defiéndeme de mis enemigos y socórreme en mis necesidades. Amén.