Aleluya

Jesús ha resucitado, con el precio de su sangre, somos libres.

¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria?

Ahora como creyentes podremos mirar al sepulcro y decir con toda confianza:
“Podrán echar ahí mis restos mortales, porque este cuerpo es hecho del polvo, y al polvo volverá, pero lo que yo soy, mi espíritu, no morirá nunca, si no que estaré con mi Señor en las moradas eternas, y el día en que suene la trompeta que anuncie su venida, vendré a buscar ese nuevo cuerpo con el cual me levantaré de entre los muertos, como Jesús se levantó”.

Felices Pascuas 2013

Saludos de Pascua de Resurrección 2013

Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco


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Jorge Mario Bergoglio, Papa, Sucesor de Pedro con el nombre de Francisco

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, ha sido elegido Sumo Pontífice, 266 sucesor de Pedro, tomando el nombre de Francisco I. Después de aparecer la «fumata» blanca, el cardenal protodiácono, S.E.R Jean-Louis Tauran , ha dado el anuncio a las gentes desde la «loggia» o balcón externo de la Bendición de las benediciones de la basílica vaticana, con estas palabras: «Os anuncio con gran alegría: Tenemos Papa, El eminentísimo y reverendísimo Señor. Señor, Jorge, de la Santa Iglesia Romana, que ha tomado el nombre de Francisco I».

El Santo Padre, tras rezar un padrenuestro y un avemaría por su antecesor, el Papa emérito Benedicto XVI, y tras pedir a los fieles que rezaran al Señor para que le bendijera, ha pronunciado su bendición con las siguientes palabras:
Latín

–Sancti Apostoli Petrus et Paulus, de quorum potestate et auctoritate confidimus, ipsi intercedant pro nobis ad Dominum.

–Amen.

–Precibus et meritis beatæ Mariæ semper Virginis, beati Michælis Archangeli, beati Ioannis Baptistæ et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli et omnium Sanctorum misereatur vestri omnipotens Deus et dimissis omnibus peccatis vestris, perducat vos Jesus Christus ad vitam æternam.

–Amen.

–Indulgentiam, absolutionem et remissionem omnium peccatorum vestrorum, spatium veræ et fructuosæ penitentiæ, cor semper penitens et emendationem vitæ, gratiam et consolationem Sancti Spiritus et finalem perseverantiam in bonis operibus, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.

–Amen.

–Et benedictio Dei omnipotentis (Patris et Filiis et Spiritus Sancti) descendat super vos et maneat semper.

–Amen.

Francisco

Su Santidad Jorge Mario Bergoglio, Francisco I, nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina,hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio (empleado ferroviario) y Regina (ama de casa). Egresó de la escuela secundaria industrial E.N.E.T Nº 27 (ahora E.T.Nº 27) Hipólito Yrigoyen,con el título de técnico químico.

Realizó los estudios de química y después entró en el Seminario Villa de Voto el 11 de marzo de 1958 e ingresó en el noviciado de la compañía de Jesús. Completó los estudios en humanidades en Chile en 1963. De vuelta a Buenos Aires obtuvo la Licenciatura en el Colegio Mayor San José.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de literatura y filosofía en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en 1966 enseñó las mismas materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió teología en el mismo Colegio Mayor donde también se licenció. El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

Entre 1970 y 1971 realizó la Tercera Probación en Alcalá de Henares y el 22 de abril de 1973 hizo su profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, San Miguel, entre 1972 y 1973. También fue profesor en la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y rector del colegio mayor.

El 31 de julio de 1973 fue nombrado Provincial de Argentina, encargo que ejerció durante 6 años.

Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma Casa de San Miguel, y párroco de la Parroquia del patriarca san José en la diócesis del mismo nombre.

En marzo de 1986 estuvo en Alemania donde concluyó su Tesis Doctoral; entonces sus superiores lo destinaron al Colegio del Salvador, desde donde pasó a la Iglesia de la Compañía en la Ciudad de Córdoba como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, el beato Juan Pablo II le nombró Obispo Titular de Auca y Auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año, recibió en la Catedral de Buenos Aires la ordenación espiscopal. Su lema episcopal es MISERANDO ATQUE ELIGENDO.

Cuando la salud de su predecesor en la arquidiócesis de Buenos Aires, el arzobispo Antonio Quarracino empezó a flaquear, Bergoglio fue designado obispo coadjutor de la misma el 3 de junio de 1997. Tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.

Es autor de varios libros entre ellos Meditaciones para religiosos, 1982, Refflexiones sobre la Vida Apostólica, 1986 y Reflexiones de Esperanza, 1992.

Ha sido el Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en Argentina.

Gran Canciller de la Universidad Católica de Argentina.

De noviembre de 2005 a noviembre de 2011 fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina.

Durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo creó cardenal del título de san Roberto Belarmino. Además se constituyó en el primado de la Argentina, resultando así el superior jerárquico de la Iglesia católica de este país.

Forma parte de la CAL (Comisión para América Latina), la Congregación para el Clero, el Pontificio Consejo para la Familia, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

En virtud de su puesto episcopal, es además miembro de la Conferencia Episcopal Argentina ―de la cual fue presidente en dos ocasiones, hasta 2011― y del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano).

Tras dos periodos consecutivos como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el 8 de noviembre de 2011 los obispos electores de ese organismo designaron para reemplazarlo al arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, primo hermano del fallecido expresidente argentino Raúl Alfonsín y hasta entonces vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal

Al morir Juan Pablo II, eran 117 los cardenales menores de 80 años en condiciones de votar para elegir un nuevo papa, entre los cuales se encontraba el cardenal Bergoglio, de quien se dice que logró obtener 40 votos de los 77 que eran necesarios para ser elegido (es decir, el segundo lugar detrás del que fue elegido y convertido en Benedicto XVI, el cardenal Joseph Ratzinger.2 Sin embargo, puesto que existe obligación de secreto absoluto para los asistentes al cónclave (Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis de 22 de febrero de 1996, cap. II, n.º 48) bajo pena de excomunión reservada al Sumo Pontífice (Código de Derecho Canónico, canon 1399), este dato debe tomarse como mera especulación.

Fue elegido Papa el 13 de Marzo de 2013, tras 5 votaciones en el conclave después de la renuncia de Benedicto XVII. Bajo el nombre de “Francisco”.

En la Santa Sede es miembro de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; de la Congregación para el Clero; de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia y de la Pontificia Comisión para América Latina

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La infinita misericordia de Dios con sus hijos


Como vemos por estas muestras de pecados y pecadores de la Sagrada Escritura, Dios está dispuesto a perdonar al más grande pecador, si se arrepiente, no importa que el pecado sea lo más horrible:

“Vengan para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, se volverán como lana blanca” (Is. 1, 18).

“Un corazón contrito y humillado Tú Señor no lo desprecias” (Sal 50, 19).

Se alegra tanto con el arrepentimiento del pecador que nos dice:

“Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15, 7).

Nadie se condena porque ha cometido pecados muy graves, pero muchos podrían condenarse por cometer pecados de los que no se arrepienten.
Que Dios es infinitamente misericordioso significa que perdona a todos los pecadores verdaderamente arrepentidos. Es decir, Dios perdona enseguida cualquier pecado o pecados cuando nos arrepentimos de veras.

“Tan cierto como que estoy vivo, palabra de Yahveh , que no deseo la muerte del malvado, sino que renuncie a su mala conducta y viva” (Ez. 33, 11).

Dios nos muestra su Misericordia en la forma como busca al pecador, bien sea a través de beneficios o de sufrimientos. También nos la muestra por su disposición a perdonar, sin importar la gravedad, ni la frecuencia del pecado, requiriendo sólo el arrepentimiento (cf. Sal. 50, 18-19).

En la Sagrada Escritura vemos las variadas formas en que Dios muestra su Misericordia con el pecador:

Como el Buen Pastor que busca la oveja perdida hasta encontrarla (cf. Lc. 15, 4-7).

Dios envió el Profeta Natán a David para reprenderlo y para que se arrepintiera de sus pecados (cf. 2 Sam. 1-14 y Sal. 50).

Jesús busca a la Samaritana (cf. Jn. 4, 1-30).

Al hijo pródigo lo deja caer en calamidades y en la indigencia para que regrese a casa (cf. 15, 11-32).

Defiende a la mujer adúltera (cf. Jn. 8, 1-11).

Recibió con compasión a la mujer pecadora (cf. Lc. 7, 36-47).

Perdonó al buen ladrón, arrepentido y crucificado a su lado (cf. Lc. 23, 39-43). Sobre este caso hay que decir que Dios sí puede perdonar a un pecador al final de su vida, si está verdaderamente arrepentido. Pero todos los autores espirituales desaconsejan dejar el arrepentimiento para el final.
Con respecto al ladrón arrepentido, éste es un caso único en la Sagrada Escritura. Si analizamos los demás ejemplos de arrepentimiento, no son en el último instante de la vida de los pecadores. Sobre este caso, San Agustín muy sabiamente apunta que Dios perdonó a un hombre en el último momento para que nadie caiga en desesperanza, pero perdonó sólo a uno, para que nadie caiga en presunción, que son los dos pecados contra la esperanza: uno que consiste en no tener esperanza y otro que consiste en abusar de la esperanza.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida:y en la casa del Señor viviré para siempre.

Una vez escuché a alguien decir esta frase refiriéndose a las bendiciones de Dios en su vida: “Con una mano recibiendo y con la otra dando”. El bien y la misericordia te seguirán, pero con la intención de que las pongas “a trabajar”, es decir, que las uses, las practiques.

Dice en Proverbios 3:3: “La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón”.

Hemos visto cómo Dios nos muestra su Misericordia Infinita en varios pasajes de la Escritura. He aquí otros pasajes que enuncian esa Misericordia Divina:

“Pero Tú eres un Dios de perdón, lleno de piedad y ternura, que tardas en enojarte y eres rico en bondad” (Neh. 9, 17b).

“¿Qué Dios hay como Tú, que borra la falta y que perdona el crimen; que no se encierra para siempre en su enojo, sino que le gusta perdonar” (Miq. 7, 18).

“Rasguen su corazón y no sus vestidos, y vuelvan a Yahveh su Dios, porque El es bondadoso y compasivo; le cuesta enojarse y grande es su misericordia; envía la desgracia, pero luego perdona” (Joel 2, 13).

“Yo sabía que Tú eres un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar” (Jon. 4, 2b).

“Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con los que te invocan” (Sal. 86, 5).

“El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor; si se querella, no es para siempre; si guarda rencor, es sólo por un rato. No nos trata según nuestros pecados, ni nos paga según nuestras ofensas. Cuanto se alzan los cielos sobre la tierra, tan alto es su amor con los que le temen. Como el oriente está lejos del occidente, así aleja de nosotros nuestras culpas” (Sal. 103, 8-12).

“Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en el día de la angustia” (Si. 2, 11).

“Pues cuánta es su grandeza, tanta es su misericordia” (Si. 2, 22b).

“¡Cuán grande es la misericordia del Señor y su perdón con los que se convierten a El!” (Si. 17, 29).

“El Señor es clemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en Amor (Sal. 145, 8).

“Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación: (Lc. 1, 50).

“Sean misericordiosos, como es misericordioso el Padre de ustedes” (Lc. 6, 36).

“Pero Dios es rico en misericordia. ¡Con qué amor tan inmenso nos amó! Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo. ¡Por pura gracia ustedes han sido salvados!” (Ef. 2, 4-5).

Si Dios hace misericordia contigo, tú has misericordia con los demás, incluso si la misericordia requiere decir que “no” a lo que te piden. La misericordia significa ayudar, pero también a veces significa evitar que alguien se meta en problemas y se haga más daño. Amar, perdonar, guiar, corregir. Esto es hacer el bien y la misericordia. Dios lo hace con nosotros.