La confianza en Dios

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Cuando tomamos nuestra cruz para seguir a Cristo, estamos diciendo que no importa cuán grande es nuestro dolor o sufrimiento, que vamos confiados siguiendo a Jesús. Es que tomar la cruz y seguirle es encaminarnos hacia la santidad. Cuando hemos aceptado ese reto, entonces es cuando nos dejamos convertir por el amor de Cristo, pero eso no solamente se queda allí en una “conversión” ficticia y sin sentido porque, existen momentos en los que las realidades de la vida nos desaniman y entonces ya no queremos seguir cargando la cruz. Pero, cuando dejamos que esa cruz nos transforme, es decir que nuestro corazón confía plenamente en ese amor que nos sostiene, entonces sabemos que estamos dando los pasos firmes para la santidad.

Esa es nuestra misión primordial, la de alcanzar la santidad por medio de una transformación real de corazón y no simplemente de una “conversión” externa que no profundiza en el amor de Dios. El Nuevo Catecismo nos dice: “A los apóstoles y sus sucesores les confirió Cristo la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad. Pero también los laicos, partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en el mundo la parte que les corresponde en la misión de todo el Pueblo de Dios.”

Pero, ¿cómo realizaremos esa “misión”? Es más, ¿Qué es la misión a la que estamos llamados? Nos dice el Nuevo Catecismo: “Así, todo laico, por los mismos dones que ha recibido, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma “según la medida del don de Cristo.”

Todos y cada uno de nosotros recibimos un bautismo, que nos invita a hacernos partícipes del conglomerado de la Iglesia, sabiendo que cada uno tiene su parte integral en el Cuerpo. Recordemos lo que nos dice Pablo en la primera Epístola a los Corintios 12: 24-27, en donde expresa que, todos somos parte de un sólo Cuerpo místico de Jesús y que, aun siendo parte del mismo Cuerpo, todos somos diferentes, pero con la misma función de hacer que el Cuerpo se mantenga firme y saludable y no solo eso, sino que, además, es nuestro deber de vigilar que así como parte del Cuerpo, debemos de llevar una vida santa y sin mancha (Lev 19: 2; 20: 26), de la misma manera, vigilar también para que los otros miembros del Cuerpo lleguen a la misma santidad. En términos bíblicos, “santidad” significa “apartado para el Señor.”

“Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir «como conviene a los santos» (Ef 5: 3) y que como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia» (Col 3: 12) y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación (Ga 5: 22; Rom 6: 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (St 3: 2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas» (Mt 6: 12).

Formados en el sufrimiento:

Debemos de entender que el propio camino de la santidad, implica en muchas ocasiones, atravesar un momento de sufrimiento y ciertamente de dolor, ya que, ello mismo es lo que nos conduce y nos dirige a la virtud real en nuestras vidas. Leer 2 Cor 6: 1-10

El verdadero cristiano, reconoce que el sufrimiento es esperanza y reto. Con frecuencia una persona puede “seguir en su jornada,” porque ha sido moldeado espiritualmente por el dolor y el sufrimiento. Leer 2 Cor 12: 1-10. Leemos también en Lumen Gentium: “Sepan también que están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos, o los que padecen persecución por la justicia. A ellos el Señor, en el Evangelio, les proclamó bienaventurados (Mt 5: 1-11), y «el Dios de toda gracia, que nos llamó a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará y afirmará, los fortalecerá y consolidará» (1 Ped 5: 10).” LG 41 párrafo 6

San Pablo escribe: “Nos sentimos seguros hasta en las pruebas, sabiendo que de la prueba resulta la paciencia; de la paciencia, el mérito, y el mérito es motivo de esperanza.” (Rom 5: 3-5). Al reconocer esto en nuestro servicio, entonces podremos comprender el amor verdadero al que estamos llamados en camino hacia la santidad con la cruz sobre nuestros hombros. Porque Jesús nos dice en el Evangelio, “…si se aman los unos a los otros, en eso reconocerán que son mis discípulos.” Jn 13: 34-35

Por otro lado, como bautizados en nuestra bendita Iglesia, somos movidos a actuar más allá de nuestro egocentrismo en favor de los necesitados porque conocemos a Cristo en la profundidad de su propio sufrimiento. A esto somos llamados.

“El llamado de los laicos a la santidad es un regalo del Espíritu Santo. Su respuesta es un regalo para la Iglesia y para el mundo.” Conferencia de Obispos Católicos

Este llamado, además de invitarnos a la santidad, nos encamina así mismo a la madurez espiritual. Ya no podemos dedicarnos a servirle a Dios con una actitud de niño malcriado. No podemos decir que nuestro servicio está en el de evangelizar cuando somos unas pequeñas criaturas que se quejan de todo en la vida. Nos hemos vuelto berrinchudos y caprichudos y hasta nos tiramos al suelo poniéndonos de verde y morado cuando no se hace lo que queremos sobre los demás. Es imposible alcanzar nuestro destino sino estamos dispuesto a madurar espiritualmente. Leer Heb 5: 12-15

Si estás pasando por alguna situación difícil en tu vida razón o situación en tu vida hoy te sientes débil, debo recordarte que el poder de Dios vive en ti.

¿Te han insultado últimamente? ¿Estás padeciendo algún tipo de necesidad emocional, física, material? ¿Haz sido perseguido, difamado? ¿Por alguna razón te sientes angustiado?

Tengo que decirte algo: “En cualquier momento, vas a ver con tus propios ojos, manifestado El Poder de Dios: En tu vida, en la de los tuyos, en tu trabajo, en tus finanzas”.

Sólo recuerda, que DIOS obra con SU poder, y a veces de una manera tan grande y tan suprema, “mucho más allá de lo que podemos entender”.

Pero, por lo pronto, en medio de tu debilidad o tu necesidad, debes sentirte seguro que la presencia del Dios todopoderoso habita dentro de ti. 

Tú caminas, hablas, sonríes, obras con el convencimiento de que tú eres portador de su unción y poder a donde quiera que vayas.

Aunque a veces momentáneamente no lo veas o no lo sientas, TÚ eres hijo, hija de Dios, y recuerda que su poder se manifiesta en el corazón humilde y en la debilidad.

El Apóstol Pablo le rogó a Jesús que le quitara una aflicción personal que azotaba su vida, y una carga que aparentemente era para él una limitación. Jesús le dio esta respuesta, la que luego el Apóstol Pablo escribió:

2 Corintios 12:9-10,   “Y me ha dicho (Jesús): «Te basta mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad».”

…Por tanto,  de buena gana (dice El Apóstol después de escuchar esa palabra directamente de Jesús), me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades (o limitaciones), en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte…”

En otras palabras, si hoy te sientes débil, triste o angustiado, una vez más levanta tu rostro con firmeza y echa mano del gozo de Jesús en medio de tu tribulación que escrito está que en el punto más bajo de tu vida, es cuando el poder de Dios se manifiesta de la manera más grande y maravillosa.

Espéralo, es seguro. Dios nunca falla. Tú sigues siendo su hijo amado.

Cuando vienes a Cristo en reconocimiento de tus debilidades, Él a menudo cambia tu mayor debilidad en tu mayor fortaleza. A Dios le encanta cambiar nuestra mayor debilidad en nuestra mayor fortaleza. Si sientes que tienes una fe débil o incluso que no tienes fe, depende de Dios y permítele cambiarte en tu mayor fortaleza.

Pero eso sólo pasa a través del poder de Dios. La Biblia nos dice que hay una conexión directa entre la fe y el poder. Entre más fe tienes en Dios, más poder y más bendiciones tendrás en tu vida.

Jesús ilustró esto en Mateo 13, donde fue a una visita en su ciudad natal, Nazaret. La Biblia dice: “En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra y en su propia casa. Y por la incredulidad de ellos, no hizo allí muchos milagros.”  

Dios bendice a la gente que no tiene miedo de confiar en Él completamente. Cuando le das tu confianza, Dios te llena con Su poder. En la Biblia, Abraham es considerado el padre de la fe. Dice: “Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios.” Romanos 4:20

 

3 comentarios sobre “La confianza en Dios

  1. Hermanos/hnas pido oraciòn por mi esposa -Cristina Marìa con cancer.Por su sanaciòn. Amèn

  2. hola. Yo creo, pero lo q me pasa en mi impaciencia de querer soluciones inmediatas, y Dios no te las da, te las da en su tiempo, debo aprehender a ser paciente, a pedirle a este Dios Misericordioso me de ese don. Gracias por q Dios nos sigue llamando

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