La fidelidad de Dios por siempre

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« Dios siempre es fiel »… ¿Pero lo somos nosotros?

La fidelidad se entiende como la lealtad en el cumplimiento de los compromisos que alguien ha contraído. En muchos casos incluye un sentimiento de amor o cariño hacia otro ser, en favor del cual se hace cuanto pueda contribuir a su bienestar. En este sentido se habla de la fidelidad de los perros respecto a sus amos, por ejemplo. A nivel humano, se dice que es fiel el empleado que cumple escrupulosamente los deberes que le han sido señalados por su amo. Ejemplo aún más elevado: el de la fidelidad conyugal, es decir, la lealtad amorosa que los cónyuges se prometen el día de su enlace matrimonial. En el plano espiritual, es fiel el creyente que se compromete a confiar en Dios y obedecerle. Pero el ejemplo más sublime de fidelidad se halla en Dios mismo, siempre cumplidor de sus pactos y promesas. Así nos lo atestiguan las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Cuando los cristianos hablan de los personajes en la Biblia siempre hablan de los grandes.  Hablan de Job, Moisés, Josúe, José, David, de Deborah, Ester, de María, de Pedro y de Pablo.  Pero espera, estos “grandes,” eran gente normal como tu y yo, ni mas ni menos.  Lo que los diferencia de la mayoría era que eran gente normal que fueron fieles a Dios hasta el final.”

Job siguió glorificando a Dios a pesar de que Dios permitió al diablo destruir todo lo que tenía.  Lo único que hizo era seguir adorando a Dios a través de las pruebas.  Lo único que hizo José era de seguir fiel a Dios cuando Potifera trató de seducirlo y resistió y usó el don que Dios le dio para interpretar el sueño de Faraón.  Lo único que hizo David era indignarse de que el nombre de Dios fuere blasfemado y se enfrentó con esa persona para decírselo.

Lo grande de Ester era ayunar por su pueblo y pedirle a su marido que le permitiera decir quien era el verdadero culpable de un complot.  Después de ser un fracaso total como discípulo, Pedro siguió predicando a Cristo fielmente hasta el día de su muerte.

Pablo hacía lo mismo huyendo de una ciudad a otra cuando lo perseguían.  Te pregunto, ¿hicieron alguna cosa uno de estos que tu no haces o estás dispuesto a hacer todos los días?  ¿Tuvieron estas personas algún dote que tu no tengas que los diferencie de ti?  Simplemente hacían su deber diario como discípulos de Cristo y cuando se presentó alguna necesidad, algún evento que requería que ellos se pusieran en la brecha, lo hacían.  Entonces, ¿por qué los vemos como “grandes,” como personas diferentes que nosotros?

Lo que poseían ellos era una sola cosa…¡eran fieles a Dios hasta el final! Era fiel Moisés para hablar al Faraón y darle testimonio cuando se presentó la oportunidad.  Era fiel José para no pecar con Potifera y para creer que Dios lo respondería.  Job era fiel a Dios a pesar de que no le podría ir peor.  Ester era fiel a Dios a pesar de que su marido el Rey la podría destituir por decirle la verdad.  David era fiel a Dios aunque el gigante le podría triturar como carne picada.  María era fiel a Dios aunque revelarle a José su marido que estaba encinta del Espíritu Santo podría haberle causado el divorcio.

Por ser fiel a Dios, a Pedro le costó la cabeza y a Pablo por ser fiel a Dios y compartir la Palabra de Dios por doquier, vio grandes milagros de terremotos que abrían cárceles y gente sanada cuando pasaba por ellos y les caía su sombra.  ¿Qué es lo único que tienes que hacer por ser un “grande” de Dios?  Serle fiel y hacer lo que te indica en tu rutina diaria.  Porque algún día te va a pasar un evento normal y al serle fiel a Dios, te va a ser grande a ti también.

Cómo podemos llegar a ser un cristiano fiel

Dios es maravilloso y a veces es posible que sientas que no le das lo suficiente, por eso podemos recomendarte estos pasos para ayudar a ser unos fieles cristianos:

Leer la Biblia constantemente. Debes leer la Biblia dos veces al día, en la mañana y en la noche. Si te concentras solo en Dios de 5 a 10 minutos, te ayudará mucho. Trata de encontrar un tiempo para leer uno o dos versículos de la Biblia y para concentrarte en lo que Dios dice en esos versículos, aprender a discernir que me esta tratando de decir a través de estas enseñanzas, que estoy haciendo bien y que estoy fallando.

Orar siempre. Ora a Dios cuando te sientas feliz, triste, enojado, asustado o simplemente aburrido. Dile cómo te sientes y no te contengas. No solo reforzarás tu relación con Dios, sino que también te hará sentir realmente mejor cuando tienes a alguien con quién conversar.

Pensar ¿Qué haría Jesús? Cuando tienes un conflicto, aunque sea algo simple como “Me pregunto si debo comer el último trozo de pastel”, debes preguntarte qué haría Jesús en este caso. Entonces, es probable que Jesús no se coma el último trozo de pastel, sino que permita que otra persona lo haga.

Evitar la tentación. Muchas veces en la vida, uno siente la tentación de hacer cosas que sabe que no debe hacer. Aunque sea difícil, lo mejor que debes hacer es evitarlo. Simplemente date la vuelta si la tentación es difícil y si viene constantemente hacia ti, ora a Dios para que te ayude a quitarte esa tentación y a encontrar algo que te distraiga. Si algún amigo te presiona para que hagas algo que no está bien, debes decirle que se detenga y alejarte.

Acude a la iglesia siempre. No tiene importancia qué tipo de cristiano seas, siempre hay una iglesia para ti. Asiste a misa regularmente, y en momentos de angustia y necesidad, permanece ante el Santísimo y entrega tus aflicciones, tal vez hace mucho tiempo que no estás un rato a solas con Jesús en la capilla, o quizás no te haz dispuesto a rezar frente a Jesús expuesto en el Santísimo Sacramento, cuando lo hagas, lo primero que te sugerimos es que te arrodilles delante de Jesús, lo mires sobre el altar y hagas una breve oración de adoración, en la que reconozcas toda su grandeza como verdadero Hijo de Dios hecho hombre, todo el amor que te ha manifestado a lo largo de tu vida y le pidas que sea El mismo quien disponga tu corazón para poder escucharlo y aceptar sinceramente lo que El quiera decirte.

Como todos sabemos que a veces nos resulta difícil encontrar las palabras para responder a Jesús y que las fuerzas que tenemos para cumplir nuestros compromisos son muy pocas, te proponemos que acompañes tu respuesta con la siguiente oración de acción de gracias de Santo Tomás de Aquino:
“Te doy gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque, aunque soy un siervo pecador y sin mérito alguno, has querido alimentarme misericordiosamente con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Que esta sagrada comunión no vaya a ser para mí ocasión de castigo, sino causa de perdón y salvación.

Que sea para mí armadura de fe, escudo de buena voluntad; que me libre de todos mis vicios y me ayude a superar mis pasiones desordenadas; que aumente mi caridad y mi paciencia, mi obediencia y mi humildad y mi capacidad para hacer el bien.

Que sea defensa inexpugnable contra todos mis enemigos, visibles e invisibles, y guía de todos mis impulsos y deseos.

Que me una más íntimamente a ti, el único y verdadero Dios, y me conduzca con seguridad al banquete del cielo, donde tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable y felicidad perfecta.

Por Cristo, nuestro Señor. Amén”.

Para terminar tu adoración puedes abrir tu corazón al Señor pidiendo lo que necesites y especialmente, por las intenciones de la Iglesia y del Santo Padre, que todos compartimos.

 

Consejos

La confesión de manera regular es una práctica excelente.

Algunas veces, una de las más grandes tentaciones es alejarte de Dios. Sin embargo, no te preocupes. ¡Si alguna vez notas que eso sucede, solo ora a Dios y combate la tentación!

Puedes encontrar libros creados especialmente para la devoción. Puedes leer un capítulo al día y seguir cualquier indicación de libro.

 

Advertencias

No te vuelvas perezoso ni te olvides de hacer estas cosas. Escribe una nota o hazte recordar con frecuencia para mantenerte firme en tu fe.

No lo hagas en exceso. Si lo haces en exceso, es posible que te vuelvas como los fariseos de la Biblia, que hacen esas cosas solo por conseguir publicidad y para mostrarles a las personas que eres cristiano. Después de todo, Dios dice que recompensa a las personas que lo alaban en secreto.