El purgatorio

De acuerdo a las enseñanzas católicas, el Purgatorio (Lat., “purgare”, limpiar, purificar) es un lugar o condición de castigo temporal para aquellos que, dejando esta vida en gracia de Dios, no están completamente libres de faltas veniales, o no han pagado completamente a satisfacción sus trasgresiones.

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La creencia de la Iglesia en relación al purgatorio está claramente expresada en el Decreto de Unión, producto del Concilio de Florencia (Mansi, t. XXXI, col. 1031), y en el decreto del Concilio de Trento (Sexx. XXV) que define: ” Donde la Iglesia Católica, instruida por el Espíritu Santo, ha enseñado en concilios y recientemente en este sínodo ecuménico, (Ses. VI, cap. XXX; Sess. XXII, cap II, III) de las Sagradas Escrituras y la antigua tradición de los Padres, que existe un purgatorio, y que las almas que están allí son ayudadas por los votos de los creyentes, pero principalmente por el aceptable Sacrificio del Altar;

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El santo sínodo impone a los obispos que con diligente esfuerzo tengan en mente la doctrina de los Padres en los concilios en relación al purgatorio enseñado en todas partes y predicado, sostenido y creído por los creyentes” (Denzinger, “Enchiridon”, 83).

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La Iglesia no va más allá en sus definiciones, sino que deben ser consultadas la tradición de los Padres y la escolástica para explicar las enseñanzas de los concilios, y para dejar clara la creencia y las prácticas de los creyentes

 

Pecados Veniales

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Todos los pecados veniales no son iguales ante Dios, ni tampoco se atreva alguien a afirmar que las faltas diarias de la flaqueza humana serán castigadas con la misma severidad que se otorga a las serias violaciones a la ley de Dios. Por otro lado, quien sea que comparezca ante la presencia de Dios debe estar perfectamente puro porque en el sentido más estricto Sus “ojos son demasiado puros para contemplar el mal” (Hab. 1,13). La Iglesia siempre ha enseñado la doctrina del purgatorio para el pago a través de castigo temporal por los pecados veniales debidos y no arrepentidos al momento de la muerte. Tan profunda era la creencia enraizada en nuestra humanidad común que fue aceptada por los judíos y, al menos en forma solapada por los paganos mucho tiempo antes del advenimiento del cristianismo.

La doctrina católica del purgatorio supone que algunos mueren con pequeñas faltas de las cuales no hubo verdadero arrepentimiento, y también del hecho que la pena temporal debida al pecado no está completamente pagada en esta vida. Las pruebas de la posición católica, ambas, en las Escrituras y en la Tradición, están atadas también con la práctica de orar por los muertos. Pero ¿ por qué orar por los muertos si no hubiera la creencia en el poder de la oración para proporcionar consuelo a aquellos quienes aún están excluidos de ver a Dios?. Esta posición es tan cierta que las oraciones por los muertos y la existencia de un lugar de purgación son mencionadas conjuntamente en los más antiguos pasajes de los Padres, los cuales alegan razones para auxiliar a las almas que ya partieron. Aquellos que se han opuesto a la doctrina del purgatorio han confesado que las oraciones por los muertospodrían ser el argumento sin respuesta si la doctrina moderna del “juicio particular” hubiese sido asumida en los primeros tiempos. Pero, basta con leer los testimonios alegados de más adelante para sentirse seguro que los Padres hablan, con el mismo aliento, de ofrendas a los muertos y de un lugar de purga;

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Y basta con consultar la evidencia encontrada en lascatacumbas para sentirse igualmente seguro que la allí expresada fe cristiana, abraza claramente la creencia en el juicio inmediatamente después de la muerte.

Con Orígenes, la doctrina del purgatorio es muy clara. Si un hombre deja esta vida con faltas pequeñas, es condenado al fuego que quema los materiales pequeños, y prepara el alma para el Reino de Dios, donde no puede entrar nada manchado. “Porque si sobre la base de Cristo, haz construido no sólo oro y plata sino piedras preciosas (1 Cor. 3); sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y de este modo manchar el reino de Dios? ¿ o en razón de estos obstáculos podrías quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo. Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo está llamado el fuego purificador”.

Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras.” (P. G., XIII, col. 445, 448).

La práctica apostólica de orar por los muertos la cual pasó a laliturgia de la Iglesia, fue tan clara en el siglo IV como lo es en el XX. San Cirilo de Jerusalén (Catechet. Mystog., V, 9, P.G., XXXIII, col. 1116) escribe al describir la liturgia: “Entonces oramos por los Santos Padres y Obispos que han muerto; y brevemente por todos aquellos que han dejado esta vida en nuestra comunión; creyendo que las almas de aquellos por quienes oramos reciben un gran alivio, mientras esta santa y tremenda víctima yace en el altar.” San Gregorio de Niza (P. G., XLVI, col. 524, 525) declara que las debilidades del hombre son purgadas en esta vida a través de la oración y sabiduría, o son expiadas en la próxima a través del fuego limpiador. ” Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida, no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma está infectada.

Duración

Las mismas razones que fundamentan la existencia del purgatorio, dan testimonio de su carácter pasajero. Oramos y ofrecemos sacrificios por las almas de allí que “Dios en su misericordia puede perdonar las faltas y recibirlas en el seno de Abraham.” (Const. Apost., P. G., I col. 1144); y Agustín (De Civ. Dei, lib. XXI, cap.XIII y XVI) declara que el castigo del purgatorio es temporal y cesará al menos en el Juicio Final. “Aunque los castigos temporales serán sufridos por algunos solo en esta vida, por otros luego de la muerte y por otros en ambos; pero todos antes del mas estricto y final juicio”.

Socorro a los Muertos

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, “De Purgatorio”) en virtud de esta tradición no sólo afirma la existencia del purgatorio sino que agrega “que las almas que están allí detenidas, son ayudadas por los votos de los creyentes y principalmente por el aceptable sacrificio del altar”. La enseñanza cristiana más antigua es que aquellos en la Tierra aún están en comunión con las almas del purgatorio, y que los vivos ayudan a los muertos con sus oraciones y queda claro de la tradición descrita más arriba.

Indulgencias

El Concilio de Trento (Sess. XXV) define que las indulgencias son “muy saludables para los cristianos” y que su “uso es para ser mantenida en la Iglesia”. La enseñanza más común de los teólogos católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos “por medio del voto” (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, IX) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos.

Condición

Para que una indulgencia pueda beneficiar a aquellos en el purgatorio, se requieren varias condiciones:

  • La indulgencia debe ser otorgada por el Papa.
  • Debe haber suficiente razón para otorgarla, la indulgencia y su razón deben incumbir a la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, no solamente para ser más útiles para las almas del purgatorio.
  • La obra pía ordenada debe ser como en el caso de las indulgencias para los vivos.

Utilidad de la oración por los difuntos

Es materia de fe tradicional de los católicos, que las almas en el purgatorio no están separadas de la Iglesia y que el amor que es el lazo de unión entre los miembros de la Iglesia debe abrazar a aquellos que han dejado esta vida en la gracia de Dios. Por lo tanto, dado que nuestras oraciones y sacrificios pueden ayudar a aquellos que aún esperan en el purgatorio, los santos no han dudado en advertirnos que tenemos un real deber hacia aquellos que aún expían en el purgatorio.

Enciclopedia Católica

 

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Un comentario sobre “El purgatorio

  1. estoy plenamente segura que esto es así,hace poco estaba orando en misa cuando el sacerdote estaba consagrando,un anciano muy conocido mio que pocos dias antes habia fallecido paso delante de mi y me dijo: reza por mi para que el Señor perdone mis pecados fué tan real que conteste; si como no, resare por usted,no fue una alucinacion fue real,por eso creo que hay que rezar por los difuntos para ayudarlos .-
    gracias por este espacio.

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